sábado, 18 de mayo de 2013

Capitulo 7


Cerró el cajón de la cómoda con extremo cuidado, mientras observaba las cuatro paredes rosas en la que en ese momento se sentía atrapada, no podía negar que era un cuarto bonito, precioso, digno de una princesa, su princesa; Sofia.

Pero no podía evitar sentirse agobiada, atrapada… había caído en su propia trampa al aceptar, por lo menos, debía de reconocer que Sofi era feliz, y por ello valía la pena, aunque fuese un poco. Si algo había aprendido como madre, era que era capaz de darlo todo por su hija, hasta la vida, y el verla tan sonriente, tan feliz, hacía que su decisión valiera la pena. 

Aún recordaba la carita de Sofia, cuando le había dicho “Vamos a vivir con papá” Su sonrisa había sido tan grande que a Paula se le había caído el alma a los pies. 

Realmente no culpaba a la niña por amar a su papá, ¿cómo podía hacerlo, si ella misma era la causante de todo aquel amor? Era cierto que apenas le había mostrado a su hija fotos de su padre, pero es que era doloroso ver plasmado recuerdos vividos, ver la cara de aquel hombre que creía perdido. Más, le había hablado mucho de su papa a la nena, siempre le estaba contando algo, y diciéndole que su papá la cuidaba, que la amaba, que era una pequeña estrellita que cuidaría de ella. La propia Sofia lo mencionaba de vez en cuando. En los momento en los que había preguntado por él, preguntando cuando vendría, Paula le había dicho que estaba en un lugar bonito, pero muy lejano, un lugar desde donde las cuidaría…

Y al parecer había regresado de aquel lugar, para hacerla vivir un pequeño infierno.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Paula al recordar sus propias palabras, le había costado tanto pronunciarlas, que aún no se creía el haberlas dicho.

*Flashback

Al dejarla sola, en aquel enorme jardín verde, Paula se había tirado al suelo, había dejado que la hierba mojada le manchara la ropa, había visto como hija y padre jugaban, como reían y sonreían, como se divertían. Y ella se había sentido desplazada, apartada… sabía que solo tenía que llamar a su hija para que ésta le hiciera caso, pero, al abrir la boca no salía ningún sonido, la voz se había ido… 

Como sentía que se iría ella, se sentía desaparecer al tan solo pensar que su hija no estaría con ella. El imaginarse una vida sin Sofia era doloroso, era cruel. Él no podía arrebatarle a la nena.

Y de todas formas ella no se pensaba arriesgar.

Se había levantado tan decidida, que la sangre le hervía, la adrenalina recorría su cuerpo, se sentía fuerte y poderosa, todo le iba a ir bien, o eso pensaba hasta que llegó hasta Pedro y le tocó el hombro.

Solo bastó una mirada, para que le flaquearan las piernas, solo bastó tenerlo delante para que sus fuerzas huyeran, ¿y la mujer fuerte de antes, donde estaba?

-¿Qué queres? –la voz de él fue brusca y agresiva, y ella sintió como si la golpearan con violencia- no estoy dispuesto a discutir de nuevo –le dijo- si tenes algún problema, espera un rato. No tengo ganas de perder el tiempo con tonterías.

Solo faltó que le diera un empujón y la apartara, pero peor fue que le diera la espalda, y siguiera jugando con Sofia, que parecía inmune a las palabras de su padre. Paula quiso pegarle, y escupirle en la cara, apretó los puños junto a su cuerpo, y se mordió la lengua para no gritar.

Sin poderlo evitar, tocó el hombro de Pedro con un dedo, dándole unos golpecitos. Él se giró y miró a la mujer que lo sacaba de sus casillas, era increíble el poder que tenía sobre él, lo excitaba, lo enojaba, hacía que la deseara, y que quisiera apartarla y mandarla lejos, donde no pudiera lastimarlo como había hecho en el pasado. Más lo único que hizo fue mirarla con indiferencia.

-Te dij…

-¡Sé muy bien lo que me dijiste! –exclamó ella- ¡Y me importa muy poco si queres o no perder tu valioso tiempo! –dijo con ironía- realmente me importa muy poco lo que te pase. Pero no me deiste otro remedio que tener que hablarte, ¡aunque gustosa no lo haría! ¡Si queres discutir allá vos!, yo solo tengo que decirte una cosa, y no pienso esperar a que tengas tiempo –dijo irónica y mirándolo con los ojos llameantes- porque el mío vale oro, así, que vos decidis, o hablas conmigo ahora, o me llevas a casa, y te olvidas de mi.

-No pienso hacer semenjan…

-¡Me da igual lo que pienses! –lo interrumpió- ya te lo dije, me importas muy poco –dijo mirándolo furiosa- Solo tengo que darte una respuesta y eso es lo que voy a hacer.

-Bien –contestó él lentamente, mirándola de arriba abajo, debía de reconocer que era extraordinariamente bella, y más aún enojada.

Deseaba agarrarla, besarla, y abrazarla, hacer que todo desapareciera, que el tiempo se detuviera, y que sólo por unos minutos, fueran ellos dos. Pero eso no era posible, y de nada valía pensarlo.

-Me dijiste que si vuelvo con…

-¡Aca no! –esta vez fue él quien la interrumpió- vamos a mi despacho.

-No podemos dejar a Sofia sola.

-No voy a dejar que todos los empleados escuchen tus gritos de histérica.

Paula alzó la mano, y le dio una chachetada con muchas ganas. Nunca había sido una mujer violenta, pero últimamente parecía que los golpes eran su única respuesta.

-Nadie me llama histéri…

-¡Nadie se atreve a pegarme! –exclamó él cogiéndola de los hombros.

-Yo si –dijo ella- y no vuelvas a insultarme, porque te voy a volver a golpear… -susurró fervientemente.

-¿Me estás amenazando? –le preguntó divertido.

-Tomalo como quieras –le contestó ella temblorosa, su cuerpo vibraba, y él no la soltaba- Soltame –ordenó, orden que él ignoró.

-Ahora no sos tan valiente ¿no? –dijo él, pegándola más a su cuerpo.

-¡Papi, mami! –la voz de Sofia los devolvió a la realidad- ¿juegan?  -preguntó la pequeña.

Los dos adultos miraron a la niña, y Pedro soltó de pronto a Paula como si quemara, ella respiró profundamente.

-No princesa, no jugamos.

-¿pol que no?

-Vamos a hablar…

-Ah… -la nena asintió como si lo supiera y entendiera, salió corriendo y se tiró por el tobogán.

-Vamos adentro –la voz de Pedro fue oscura y profunda. No esperó a que ella lo siguiera, la asió del codo y la hizo andar junto a él.

Ella mantuvo su ritmo dando rápidas zancadas, cuando llegaron a lo que ella supuso que era el despacho de Pedro, él cerró la puerta y ella se soltó con brusquedad.

-¡No vuelvas a agarrarme así, no sos nadie!

-Directa al grano, querida, como te dije antes, no tengo tiempo que perder, y mucho menos con vos.

Oh, como dolía la indiferencia. Pero a ella no le importaba, para nada, porque él no era nada para ella. Solo un bello recuerdo en su pasado y su futura pesadilla.
-Voy a volver con vos –dijo ella. Él enarcó una ceja.

-¿Cómo dijiste? –preguntó él, sonriente, sintiéndose glorioso.

-Me escuchaste. ¡Y no me pongas esa cara, sabías que no me dejabas otra opción!

-Claro que si, querida, te dejaba otra opción.

-¡Sos un cínico! –dijo ella, casi escupiendo las palabras.

-¡Oh, pero soy un cínico muy afortunado! ¿ viste? En un abrir y cerrar de ojos, lo tengo todo.

-Cretino…

Él se acercó a ella, aparentemente furioso, Paula como acto reflejo retrocedió hacía atrás, dándose cuenta tarde de su error, ahora estaba atrapada, entre la espada y la pared, y nunca mejor dicho, porque él era una espada, que con tan solo un corte, la podía partir en muchos pedazos.

-Creo, que ahora que vas a volver a ser mi mujer, no te va a quedar más remedio que aprender a comportarte.

-Jamás voy a volver a ser tu mujer –dijo ella mirándolo con rabia- Nunca. Jamás.

Él sonrió, y Paula no comprendió su sonrisa.

-Eso ya lo vamos a ver.

-No hay nada que ver. Con vivir acá tenes suficiente. Ahora haceme el favor de correrte, tengo cosas que hacer.

-¡Oh, no! no me pienso correr. Creo, señora Alfonso, que tenemos que celebrar la buena nueva.

El estómago de Paula se contrajo, y quiso gritar. Sin embargo, lo único que hizo cuando Pedro se inclinó sobre ella, mientras le acariciaba el rostro fue cerrar los ojos. 

Un suspiro escapó de su garganta y quiso maldecir, una sonrisa se instaló en los labios de él, y segundos después, tomó la boca de la chica, en un beso lento y suave, un beso prometedor.

Haciendo saber a Paula, que estaba totalmente perdida.

*Fin Flashback

En apenas dos días, Paula lo tenía todo empacado, y en casa de Pedro, todas sus pertenencias ya estaban allí, y ella no se lo podía creer. ¡Qué rápido había sido todo! Había pasado todo volando… ni siquiera había tenido tiempo de hacerse a la idea de que había cambiado de casa, y de vida. Se sentía extraña y perdida.

Quería gritar y llorar. Pero solo guardaba silencio.

En los dos días en los que había estado preparándolo todo para mudarse… se había estado quedando en casa de Pedro. Lo había evitado, no lo había visto en esos dos días, y quería que siguiera siendo así. Pero sabía que ahora que no tenía nada más que hacer, tampoco tenía motivo para huir…

Echó un último vistazo al cuarto de Sofia, y salió de la habitación, Pedro se las había apañado para tener el cuarto listo en dos días, todo era nuevo, desde la pintura, los muebles, los juguetes, hasta ropa. Mientras se acomodaba todo, Sofia había dormido con Paula en la habitación de invitados. Pero ya podía mudarse a su nuevo cuarto.

Recorrió el pasillo hasta entrar en su habitación, bueno… la de invitados, nada más entrar cerró la puerta y se tiró en la cama, quería llorar, pero las lágrimas no se derramaban. ¿Por qué debía llorar? Todo aquello no era más que una pesadilla. Una pesadilla terrible. De la que pronto despertaría.

-¿Tomándote un descanso? Creo que ahora es cuando te toca cambiar tus cosas a nuestra habitación…

Paula dio un brinco, y se incorporó en la cama.

-¡Mierda, me asustaste! –exclamó volviéndose hacía Pedro.

-Si no estuvieras perdida en tus pensamientos…

-¡Deja de decirme que debo o no debo hacer!

-Soy tu marido… tengo derecho a compartir tú cama.

-¡No, vos no sos nada mío, ni yo soy nada tuyp! –exclamó ella, casi gritándole.

-En eso te equivocas, corazón susurró él, muy lentamente, mientras se acercaba a ella- ¿recordas el día de nuestro casamiento? –preguntó.

-Claro que si –contestó, y su voz se debilitó.

-Cierto… la describiste muy bien en tú libro.

-No tenes por qué…

-¿Recordas el día de nuestro divorcio, amor? –preguntó interrumpiéndola. Paula abrió la boca, y entonces la cerró, ¿Qué pretendía? No había tal divorcio.

-No hay divorcio…

-¡Exacto! –dijo él divertido- ¿no te das cuenta, Paula? No hay divorcio. No estoy muerto por lo que no sos viuda.

-No… -susurró ella- no puede ser…

-Si, cielo, si puede ser. Anda trasladando tus cosas a mi cuarto, porque seguimos siendo marido y mujer. Hasta que la muerte nos separe…





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Aca el capitulo 7! Espero que les guste!
Ay! Muchas gracias por todos los comentarios, son lo mas! Que lindo que les este gustando la historia!
Mañana hay doble capitulo!
Hasta mañana chicas!

6 comentarios:

  1. Es buenísima la nove!! Sigue subiendo please!!

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  2. Muy buena.... intensa... espero los capitulos de mañana......

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  3. Buenísima..... quedo comiendome las uñas hasta los capi de mañana..... mmmmmmmmm.... me encanta!!!!

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  4. cada capítulo me atrapa más tu novela espero ansiosa el próximo

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  5. buenísimo el capítulo,seguí subiendo!!!

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  6. Qué buenos estos últimos capítulos, recién hoy pude leer los que me faltaban... me encantaron!! gracias por compartirla con nosotras, besos!

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