-¿Qué?
-Ya
me escuchaste.
-Sofi,
veni con la tía Zai –dijo la propia Zaira.
-Noo…
quiero con papi y mami…
-Bebe,
anda con la tía Zai –le dijo su madre.
-Si
no quiere no tiene que ir –la contradijo Pedro.
Sofia,
que era feliz se fue con su tía en cuanto ésta le propuso ir a comprar
chucherías.
-¿Contenta?
Ya se fue…
-¿Te
parezco contenta? Saliste de la nada y destruiste mi mundo.
-¿Tú
mundo? Creo que aca falla algo… -Paula achicó los ojos, y lo miró enfurecida.
-Sos
vos el que falla –le contestó `Paula sin variar su expresión.
-¿Qué
haces? ¿Dónde te crees que me llevas?
-¡A
tu habitación! No voy a dejar que te vayas paseando desnuda por un hospital…
-¡No
estoy desnuda, y eso sólo es asunto mío!
Él
no contestó, más siguió tirando de ella sin ningún esfuerzo, y la llevó hasta
la habitación, al llegar cerró la puerta, y se giró hacía Paula, que lo miraba
enfurecida, con las mejillas rojas por el esfuerzo que había hecho al querer
soltarse, la respiración se le había agitado, y su pecho subía y bajaba
deprisa.
-Sos
un cretino –le dijo.
-Lo
que vos digas, yo por lo menos no me paseo desnudo por medio hospital.
-No
iba desnuda… ¡no voy desnuda! Además, si salí así fue por tú culpa.
-¿Cómo
decis?
-Si
no te hubieras llevado a Sofia, yo no me habría asustado de esa forma, y no
habría salido corriendo «desnuda» -lo imitó con ironía.
-Deberías
de haber estado pendiente de ella, conociéndote seguro que te entretuviste
hablando con tú amiga, y no le prestaste atención a nuestra hija.
La
mano temblorosa de Paula acabó contra el rostro de Pedro en un guantazo sonoro,
y fuerte, Paula lo miró furiosa, ignorando el palpitar de su piel en la palma
de la mano, le picaba, pero más le dolían las palabras de aquel hombre.
-Ni
yo a vos –rió él- me encantó enterarme de que habías escrito un libro sobre
nosotros… donde me matabas.
-¡No
fui yo quien desapareció mientras hacía una expedición!
-Desaparecido…
no muerto.
-Deja
de inventarte cosas, no creo ninguna de tus palabras…
Paula
lo miró a los ojos, aquellos ojos fríos como el hielo que no reflejaban ningún
tipo de emoción, si no le creía no tenía nada que hacer, aquel no era su Pedro,
el que ella había amado, el hombre por el que hubiera dado su vida.
¿Dónde
estaba él?
Había
sido tal la sorpresa de verlo, la incredulidad había sido su primer
sentimiento… y el siguiente podría haber sido la alegría, la felicidad, podría
haber sido, si no fuera por las propias palabras de él; «¿Cómo es posible que
seas tan mentirosa y manipuladora? Sos una sin vergüenza y vas a pagar todo lo
que hiciste... Nadie miente sobre Pedro Alfonso»
¿Y
qué se suponía que había hecho?
-¿No
vas a decir nada? –la pregunta de él, fue seca, y áspera.
-¿Qué
queres que diga? Creo que vos lo dijiste todo.
-Oh,
aca no está ni la mitad dicha. Quiero saber todo, todo.
-¿Todo?
No creo que haga falta que diga nada…
-¿No?
Yo creo que sí… me debes, no una explicación, si no muchas… y no voy a
descansar hasta tenerlas todas.
-¿Ahora
queres explicaciones? Haces unas horas solo ibas a «Desplumarme»
-Hablamos
después de esto, ahora vestite, te llevo a casa…
-No.
Yo me voy a mi casa, vos te vas a la tuya.
-Creo,
que ahí te equivocas, pero por ahora sólo vestite. Hablamos después.
Y
diciendo eso, salió de la habitación, dejando a Paula sola, confusa y muy
triste.
¿Cómo era capaz de comportarse así? ¿Dónde estaba el Pedri que ella
había conocido, al que ella había amado?
Esa
persona por la que había pasado horas, noches enteras, e incluso días llorando.
Al que había extrañado tanto… incluso los más oscuros pensamientos habían
acudido a su mente.
Dejar
de vivir había sido su primera opción.
Más
no era solo su vida, también de ella dependía la pequeña criatura que crecía en
su vientre, de ella dependía, y de ella viviría. Y por ella salió adelante. Le
daría todo su amor, y a su vez, tendría una parte de Pedro con ella.
Todo
había sido tan difícil… más no se había rendido, y había luchado, por su hija,
lo único que le quedaba en ese mundo… y había salido adelante. Hasta ese
momento, en el que se había vuelto a hundir, pero no se dejaría ahogar. No.
Lucharía de nuevo.
Pedro
miró a la pequeña niña jugar con la morocha que la había llevado, sentada en su
regazo, le hacía caritas a la mujer llamada Zaira, la sonrisa enorme y
reluciente, resplandecía en su rostro. Tenía la sonrisa de su madre…
Aquel
pensamiento, lo tomo por sorpresa y no le gustó nada, él no debería estar
pensando en eso, ni en Paula, de hecho sabía que tenia que alejarse de ella, y
cuando antes mejor.
Apenas
la conocía, y ya la amaba, ya estaba orgulloso de ella, ya no la quería perder…
Tenía
un carácter cariñoso y amable, no era egoísta, lo había podido comprobar en
cuanto le había ofrecido su pequeño y viejo peluche. Era simpática y
extrovertida.
Ya
sabía que él era su padre.
Arrugó
el ceño, ¿cómo sabía Sofia que él era su padre? ¿Cómo había podido ser Paula
tan cruel como para mostrarle a la nena las fotos? ¿Le habría dicho que él
estaba muerto?
Papá
está en el cielo… podía oír la angelical voz de Paula pronunciando esas
palabras, y la rabia se apoderaba de su cuerpo ante tal mentira.
¿Dónde
estaba esa mujer de la que se había enamorado una tarde en el parque?
Y
esa inocencia que ella desprendía, la timidez… todo, ¿dónde estaban?
Desde
luego, si algo había sacado de aquella experiencia, era que todo lo que había
vivido había sido una mentira, ella no era ni inocente, ni tímida… ni nada,
solo era una persona cruel, y manipuladora, que había esperado la mínima
ocasión, para irse con su dinero, y matarlo… aunque fuera mentalmente.
Si
antes tenía razones, ahora podía añadir una más, sangre de su sangre… aquella
pequeña vida que le arrebataría, como ella se la había arrebatado a él,
yéndose; Sofia.
me encanto el capitulo,cada vez está mejor!!!
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