Paula
agarro la almohada y la estrelló contra la pared, mientras daba un zapatazo
contra el suelo, ¿pero quién se creía que era aquel engreído para darle
órdenes? ¿De verdad se creía que ella iba a someterse a su voluntad? ¿Qué iba a
hacer lo que él le dijera?
Gruñendo
recogió la almohada del suelo y la tiró contra la cama desecha, las sábanas aún
estaban revueltas, pero ya estaban frías, congeladas, no había ningún cuerpo
sobre ellas que las calentara, solo quedaba el recuerdo… el olor. El aroma de Pepe
y el suyo unidos.
¿Qué
había hecho? Jamás debería de haberse acostado con él, nunca debería haberse
dejado tocar. Y mucho menos podía permitirse el lujo de sentirlo, junto a ella.
Cuerpo contra cuerpo. Porque lo único que lograba con eso, era anhelar más…
Sintió
las lágrimas arder en sus ojos, y parpadeó queriendo hacerlas desaparecer. Miró
el reloj de su mesita de noche y se dio cuenta que en media hora su hija
saldría de la guardería. Se tendría que apurar si quería ducharse antes de ir
por ella.
Pedro se terminó el café y dejó la tasa sobre la mesa de la cocina haciendo una mueca, estaba demasiado amargo, amargo… como todo en su vida últimamente.
Hasta
los besos más dulces, tenían su pizca de amargos. ¿Por qué no podía simplemente
sonreír y ser feliz?
Todo
era tan complicado.
Aún
recordaba la sensación del cuerpo de Paula bajo el suyo, quería olvidarlo. El
solo pensamiento, el solo recordarlo, lo hacía querer subir las escaleras,
abrazar a su… mujer. Ver sus ojos brillantes, dilatados, oscuros, perdidos por
sus caricias.
Maldijo
por lo bajo, y metió la taza en el fregadero. Matilda, su empleada, no estaba
en casa en ese momento, y él solo se había tenido que hacer su café, no era un
inútil en la cocina, pero se podía decir que no era lo que mejor se le daba. A
la que si se le daba bien, era a Paula… por eso, en el pasado, le gustaba tanto
que ella le cocinara.
Volvió
a maldecir, y salió de la cocina. ¡Como lo odiaba todo en ese momento! Lo único
que valía la pena era su pequeña hija, ella era su razón de vivir, era lo único
que lo podía hacer sonreír sinceramente. Una gran sonrisa se dibujaba en su
rostro, ante su simple pensamiento.
Era
increíble como esa pequeña se había ganado su amor, en solo unos días.
Lo
había reconocido en el hospital… como si se hubiera pasado la vida completa con
él. Eso era algo que él no lograba entender. Demasiadas lagunas había en esa
historia. Algún día las llenaría todas… algún día.
En
esos momentos estaba demasiado enojado como para sacar el tema.
Cruzó
el pasillo para ir hacía la puerta principal, mientras miraba el reloj, si
salía ya, buscaria a tiempo a su pequeña princesa.
Un
taconeo lo hizo mirar hacía las escaleras, como un terremoto Paula bajaba por
ellas, con el pelo mojado volando en todas las direcciones, tenía las mejillas
coloradas, como las había tenido un rato antes mientras hacían el amor…
Carraspeó
y miró hacía otro lado, pero ella estaba demasiado ocupada abrochándose el
cinturón del reloj de muñeca. Tan ocupada, que no vio los últimos escalones.
-¡Cuidado!
–exclamó Pedro, mientras la sostenía entre sus brazos.
Paula
sintió su piel arder, en los lugares por los que Pedro la había sujetado; su
cintura y su brazo. Quemaban.
Él
era una especie de llama, que la hacía encenderse.
-Yo…
iba a…
Paula
se calló. Siempre la mirada intensa de Pedro la hacía callar. Miró sus ojos, y
a los pocos segundos apartó la mirada.
-Voy
a buscar a Sofia.
-Yo
también –contestó él.
-No
hace falta, voy yo –dijo ella cortante.
-Iremos
los dos –determinó él.
Con
la boca abierta, Paula se dejaba arrastrar por Pedro hasta el coche. ¿Por qué
siempre reaccionaba quedándose sin habla? Comenzaba a hartarse de su propia
reacción… Mientras manipulaba su mente, pensando cómo, y qué iba a decirle a Pedro,
él la subio en el auto, le abrochó el cinturón al ver que ella no hacía ningún
movimiento, se sentó en el lado del conductor, y manejo hacía la escuela.
No
sabía por qué había actuado así, realmente, no llevaba mucho con su hija, y
seguramente la pequeña estaría más segura si su madre iba a buscarla. Aunque
las profesoras de la guardería ya lo conocían, como padre de Sofia, él había
ido a informar de que formaba parte en la vida de la nena, vio a las profesoras
sonrojarse, y mirar de forma extraña a Paula, que se había sonrojado. Sus
mejillas relucían rojas, por la vergüenza, y él se sintió algo avergonzado
sabiendo que esas mujeres, habían leído el libro de su mujer, en el que él
aparecía muerto… al pensar en eso, de esa forma, toda la vergüenza se había
ido, convirtiéndose en satisfacción, un poco de su propia medicina no le
vendría mal a Paula.
Quien
en ese momento, estaba sentada en el coche, a su lado, con la mirada perdida,
los labios apretados al igual que los puños, y el pecho subiéndole
pausadamente, a causa de su respiración profunda.
-Paula…
-¡Olvidame!
–contestó ella, y él sonrió, le recordó a los tiempos pasados cuando ambos
discutían, ella salía corriendo, y él la perseguía, sin lograr alcanzarla, Paula
siempre había sido ágil y rápida, después de encerrarse dando un portazo, Pepe
tocaba la puerta, siempre tres veces con los nudillos… «Paula, amor, abri» Sus
palabras mágicas… a las que ella respondía siempre con una sola palabra «Olvidame».
Él
sonreía, y volvía a llamar… una y otra vez, disculpándose, hasta que ella abría
y lo abrazaba…
-No
te comportes como una nena, ya sos mayorcita –dijo él, en un susurro, borrando
la sonrisa que se le había dibujado.
Paula
se giró hacía él, con los ojos chispeantes, brillantes por el enojo que tenía.
-¡Estoy
harta de que me digas lo que tengo, o lo que no tengo que hacer! ¡Me considero
lo suficientemente adulta como para ser consciente de mis actos! ¡Así que haceme
el favor de guardarte tus absurdas órdenes, me tenes harta!
Los
murmullos de la gente, junto con la mirada irónica de Pedro, quien había
arqueado una ceja, la sacaron de su concentración. Parados en la puerta de la
guardería, con todas las madres allí, ella se había puesto a gritar… ¡lo que le
faltaba! Mentirosa… manipuladora… y ahora, loca histérica.
La
sangre le hirvió, mientras oía a la gente susurrar. La boca de Pedro intentaba
ocultar una sonrisa, pero no lo logró.
-¡Estas
contento! –exclamó farfullando, salió del auto y cerró de un portazo.
-No
soy yo quien se puso a gritar –le dijo él, alcanzándola al salir del coche.
Los
murmullos le quemaron los oídos.
-Disculpen
–dijo girándose al grupo de madres- si tienen algo que decir, ¿Por qué no me lo
dicen en la cara? O al menos esperen a que me vaya, no voy a tardar mucho
–añadió irónica- buenas tardes –saludó con una falsa sonrisa y entró en busca
de su hija.
Pedro
miró a las mujeres, quienes tenían los ojos abiertos como platos al igual que
la boca, el estómago encogido a causa de la risa, lo hacía moverse inquieto, no
quería estallar a carcajadas delante de las mujeres que habían sido victimas de
la furia de Paula, no le parecía algo muy correcto, pero no pudo evitar
sonreír, al verlas mirarse las unas a las otras, indignadas.
-¡Que
poca vergüenza! –susurró una.
-Buenas
tardes –dijo él. La señora lo miró de arriba abajo- si van a seguir criticando
a mi mujer, hagan el favor de esperar a que nos hayamos retirado, como dijo
ella, no vamos a tardar mucho.
La
mujer se sonrojó. Y él sonrió.
De
pronto, Paula salió de entre la multitud, miró a las mujeres enojadas, y caminó
hacía el coche.
-¡Papi!
–la voz de la nena hizo que Pedro acudiera a su rescate, y dejara de mirar a
aquellas mujeres calladas.
-Voy,
princesa…
Al
llegar al auto, Paula ya había acomodado a la pequeña en el asiento infantil, y
le había abrochado el cinturon de seguridad, estaba a punto de cerrar la
puerta, cuando él la detuvo. Paula, desafiante, lo miró enojada, después se
giró hacía su hija, le sonrió, y se subio en el asiento del copiloto.
-¿Mami
está enojada? –preguntó la pequeña mirando a su padre.
-Un
poco… -contestó Pepe.
-¿Pol
que? ¿ malo, papi?
-Un
poco… -repitió sonriendo.
-Malo
no… que mami se enoja, tenes que ser bueno -lo regañó con su mirada
achicada, y Pedro sintió que necesitaba un pañuelo o comenzaría a derramar baba…
-Seré
bueno… -dijo Pedro, sonriéndole. La nena sonrió satisfecha, y tiró de su padre
para darle un beso, que él recibió feliz. Y tras devolvérselo, volvió a su
asiento, arrancó el coche, y manejo hacía la casa…
Paula
sonrió a Sofi, que jugaba con su pequeña zapatilla, la había duchado y estaba
terminando de ponerle el pijama… se acercaba la hora de cenar.
Ayudó
a la niña a terminar de ponerse las zapatillas rosas, y tomándola de la mano,
la dirigió hacía el comedor.
-¡Que
bella, mi princesa! –la voz de Pedro las detuvieron al final de las escaleras.
Su
niña, tan novelera como siempre, sonrió con timidez, agachando la cabecita, y
alzando los ojos para mirar a su padre. Segundos después, cuando él le hizo un
gesto, echó a correr hacía él.
Pedro
la alzó en sus brazos, y dio vueltas mientras ella gritaba riendo.
-Bueno,
ya. Que nos mareamos, y tenemos que cenar –dijo él parándose, y esperando a que
se pasara el mareo de tantas vueltas.
-Es
hora de que hablemos…
Paula
se estremeció.
-No
creo…
-Paula,
no quiero discusiones. Seguime, por favor.
Las
palabras mágicas; Por favor. Solo por ellas, iría tras él. Lo siguió hasta que
entraron en el conocido despacho de Pedro. Recuerdos inapropiados acudieron a
su mente. Sacudió la cabeza, y suspiró intentando pensar bien.
-¿Y
bien? –preguntó ella.
Silencio.
Más silencio.
Pedro
se puso detrás de su escritorio, para protegerse quizás, para no acercarse a
ella y besarla como deseaba.
- Estuve
evaluando la situación… -Paula se estremeció, ¿Qué iría a decir?- no creo que a
la niña le haga bien nuestras continuas discusiones, ni el mal ambiente…
-Yo
tampoco lo creo –intervino ella.
-Bien…
me alegro.
-No
sé por qué…
-Paula,
decidi dejar todo lo pasado de lado. Ahora tengo una hija, algo que realmente
no esperaba, al leerla en el libro pensé que era otra de tus mentiras. Pero al
parecer no, y es mi hija, voy a hacer cualquier cosa por ella. Incluso… perdonarte.
O lo intentaré. Sólo quiero que haya buen ambiente, y por ello voy a dejar mis
sentimientos aparte. Sólo que vos tenes que estar de acuerdo…
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Prometido! 2 capitulos!:)
Espero que les guste!!!
Y como siempre, muchas gracias por sus comentarios!:)
Hasta mañana!
que lindos capítulos!! ya quiero saber que piensa Pau de todo eso..
ResponderBorrarEspero el próximo, besos!