miércoles, 15 de mayo de 2013

Capitulo 4


-¿Qué?

-Ya me escuchaste.

-Sofi, veni con la tía Zai –dijo la propia Zaira.

-Noo… quiero con papi y mami…

-Bebe, anda con la tía Zai –le dijo su madre.

-Si no quiere no tiene que ir –la contradijo Pedro.

-¡Pedro! –farfulló Paula.

Sofia, que era feliz se fue con su tía en cuanto ésta le propuso ir a comprar chucherías.

-¿Contenta? Ya se fue…

-¿Te parezco contenta? Saliste de la nada y destruiste mi mundo.

-¿Tú mundo? Creo que aca falla algo… -Paula achicó los ojos, y lo miró enfurecida.

-Sos vos el que falla –le contestó `Paula sin variar su expresión.

Pedro fue a reclamarle, cuando de pronto sus ojos bajaron al pronunciado escote de Paula, la miró de arriba abajo, y se dio cuenta que estaba a medio vestir, sujetándola de la muñeca, tiró de su cuerpo.

-¿Qué haces? ¿Dónde te crees que me llevas?

-¡A tu habitación! No voy a dejar que te vayas paseando desnuda por un hospital…

-¡No estoy desnuda, y eso sólo es asunto mío!

Él no contestó, más siguió tirando de ella sin ningún esfuerzo, y la llevó hasta la habitación, al llegar cerró la puerta, y se giró hacía Paula, que lo miraba enfurecida, con las mejillas rojas por el esfuerzo que había hecho al querer soltarse, la respiración se le había agitado, y su pecho subía y bajaba deprisa.

-Sos un cretino –le dijo.

-Lo que vos digas, yo por lo menos no me paseo desnudo por medio hospital.

-No iba desnuda… ¡no voy desnuda! Además, si salí así fue por tú culpa.

-¿Cómo decis?

-Si no te hubieras llevado a Sofia, yo no me habría asustado de esa forma, y no habría salido corriendo  «desnuda» -lo imitó con ironía.

-Deberías de haber estado pendiente de ella, conociéndote seguro que te entretuviste hablando con tú amiga, y no le prestaste atención a nuestra hija.

La mano temblorosa de Paula acabó contra el rostro de Pedro en un guantazo sonoro, y fuerte, Paula lo miró furiosa, ignorando el palpitar de su piel en la palma de la mano, le picaba, pero más le dolían las palabras de aquel hombre.

-No te conozco… -dijo ella.

-Ni yo a vos –rió él- me encantó enterarme de que habías escrito un libro sobre nosotros… donde me matabas.

-¡No fui yo quien desapareció mientras hacía una expedición!

-Desaparecido… no muerto.

-No fue eso lo que me dijeron –gritó ella- ¡No fue eso!

-Deja de inventarte cosas, no creo ninguna de tus palabras…

Paula lo miró a los ojos, aquellos ojos fríos como el hielo que no reflejaban ningún tipo de emoción, si no le creía no tenía nada que hacer, aquel no era su Pedro, el que ella había amado, el hombre por el que hubiera dado su vida.

¿Dónde estaba él?

Había sido tal la sorpresa de verlo, la incredulidad había sido su primer sentimiento… y el siguiente podría haber sido la alegría, la felicidad, podría haber sido, si no fuera por las propias palabras de él; «¿Cómo es posible que seas tan mentirosa y manipuladora? Sos una sin vergüenza y vas a pagar todo lo que hiciste... Nadie miente sobre Pedro Alfonso»

¿Y qué se suponía que había hecho?

-¿No vas a decir nada? –la pregunta de él, fue seca, y áspera.

-¿Qué queres que diga? Creo que vos lo dijiste todo.

-Oh, aca no está ni la mitad dicha. Quiero saber todo, todo.

-¿Todo? No creo que haga falta que diga nada…

-¿No? Yo creo que sí… me debes, no una explicación, si no muchas… y no voy a descansar hasta tenerlas todas.

-¿Ahora queres explicaciones? Haces unas horas solo ibas a «Desplumarme»

-Hablamos después de esto, ahora vestite, te llevo a casa…

-No. Yo me voy a mi casa, vos te vas a la tuya.

-Creo, que ahí te equivocas, pero por ahora sólo vestite. Hablamos después.

Y diciendo eso, salió de la habitación, dejando a Paula sola, confusa y muy triste. 

¿Cómo era capaz de comportarse así? ¿Dónde estaba el Pedri que ella había conocido, al que ella había amado?

Esa persona por la que había pasado horas, noches enteras, e incluso días llorando. Al que había extrañado tanto… incluso los más oscuros pensamientos habían acudido a su mente.

Dejar de vivir había sido su primera opción.

Más no era solo su vida, también de ella dependía la pequeña criatura que crecía en su vientre, de ella dependía, y de ella viviría. Y por ella salió adelante. Le daría todo su amor, y a su vez, tendría una parte de Pedro con ella.

Todo había sido tan difícil… más no se había rendido, y había luchado, por su hija, lo único que le quedaba en ese mundo… y había salido adelante. Hasta ese momento, en el que se había vuelto a hundir, pero no se dejaría ahogar. No. Lucharía de nuevo.

Aunque fuera contra el amor de su vida.

Pedro miró a la pequeña niña jugar con la morocha que la había llevado, sentada en su regazo, le hacía caritas a la mujer llamada Zaira, la sonrisa enorme y reluciente, resplandecía en su rostro. Tenía la sonrisa de su madre…

Aquel pensamiento, lo tomo por sorpresa y no le gustó nada, él no debería estar pensando en eso, ni en Paula, de hecho sabía que tenia que alejarse de ella, y cuando antes mejor.

Pero aquella criatura lo había cautivado, tal y como había hecho su madre, y además era su hija, sería una estupidez negarlo, se parecía a él, tanto que cualquiera lo podría afirmar, tenía el color de su pelo, el color de sus ojos, aunque la forma era de los de Paula, y miraba como él, sonreía como su madre, pero tenía su boca, y su nariz. Era hermosa, realmente preciosa, una mezcla de los dos, resaltando lo mejor de cada uno, y a él le habría hecho falta un pañuelo para limpiarse la baba que derramaba por su hija.

Apenas la conocía, y ya la amaba, ya estaba orgulloso de ella, ya no la quería perder…

Tenía un carácter cariñoso y amable, no era egoísta, lo había podido comprobar en cuanto le había ofrecido su pequeño y viejo peluche. Era simpática y extrovertida.

Ya sabía que él era su padre.

Arrugó el ceño, ¿cómo sabía Sofia que él era su padre? ¿Cómo había podido ser Paula tan cruel como para mostrarle a la nena las fotos? ¿Le habría dicho que él estaba muerto?

Papá está en el cielo… podía oír la angelical voz de Paula pronunciando esas palabras, y la rabia se apoderaba de su cuerpo ante tal mentira.

Aún no sabía cómo había podido matarlo, aunque fuera en papel, ni como había tenido el valor para abandonarlo, sabiendo que estaba herido, e incluso perdido, ¿muerto? No, eso no estaba, y Paula debería de haberlo esperado… cosa que no hizo.

¿Dónde estaba esa mujer de la que se había enamorado una tarde en el parque?
Y esa inocencia que ella desprendía, la timidez… todo, ¿dónde estaban?

Desde luego, si algo había sacado de aquella experiencia, era que todo lo que había vivido había sido una mentira, ella no era ni inocente, ni tímida… ni nada, solo era una persona cruel, y manipuladora, que había esperado la mínima ocasión, para irse con su dinero, y matarlo… aunque fuera mentalmente.

Quien sabía… quizás había esperado que hubiera muerto de verdad… pero no había corrido con esa suerte, y ahora estaba él ahí, para vengarse… por su abandono, por todo.

Si antes tenía razones, ahora podía añadir una más, sangre de su sangre… aquella pequeña vida que le arrebataría, como ella se la había arrebatado a él, yéndose; Sofia.

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