martes, 21 de mayo de 2013

Capitulo 12


Como poseída por el demonio, Paula recorrió la casa a grandes zancadas, a su paso, iba cerrando las puertas que se encontraba abiertas. De mala manera, haciendo que resonaran, al igual que sus zapatos, que chocaban con fuerza en el suelo.

Esos zapatos le gustaban, pero no eran de sus favoritos, así que… Con fuerza piso el suelo, y el tacón hizo un fuerte sonido. Otra puerta fue cerrada.

-Maldito –masculló ella, sin querer alzar la voz- ¿pero quién te crees que sos? Asqueroso de… ash…

Apretó los puños con fuerza, y alcanzó la puerta de su habitación; la de invitados. La abrió, y la hizo chocar contra la pared por el impulso, después, de una patada, la volvió a cerrar. ¡PLAF!

Sabía perfectamente, que se estaba comportando como una nena, como una nena malcriada, ¿pero que le importaba a ella lo que pensaran? ¡Demasiado bien se estaba comportando para lo que realmente deseaba hacer! ¡Demasiado bien!

-Púdranse –gritó al silencio- váyanse todos a la mierda!

Se notaba que eran familia… No sabía con quien estaba más enojada, si con el idiota de Ángel, por creerse Dios, o con su… marido, que era una persona inhumana, que no merecería nada bueno en ese mundo. Nada.

Giró sobre el suelo, buscando algo en la habitación que pudiese romper, y que a él le hiciera daño. Pero no era aquella la habitación de Pedro, y no había nada que él fuera a echar en falta, con rabia, pateó la cama, y movió el colchón de su sitio, por unos minutos deseó que el colchón fuera Pedro, y así poderle devolver un poquito del daño que él le había hecho a ella.

-¿Se puede saber qué te pasa? –la puerta de la habitación de abrió de pronto, y un Pedro algo fuera de lugar entro en el cuarto.

-Quiero. Que. Me. Dejes. En. PAZ –dijo ella, abriendo el armario. Estaba cansada de llevar esa ropa. De llevar esa inútil vida.

-Paula, estás siendo incoherente –comentó él, sin ningún tipo de emoción en la voz. Tan solo la miraba sacar ropa y tirarla al suelo, si creía que iba a ir a alguna parte, estaba muy equivocada.

-¿Incoherente? ¿Es la única palabra que se te ocurre? Porque a mí se me ocurre medio diccionario para describirte, y te aseguro que ninguna tendría un significado bueno.

-¿Medio diccionario? Guau… Podes empezar.

Paula se giró, con los ojos echándole chispas, los puños apretados, y muchos deseos de golpearlo.

-Sali de mi habitación, Pedro Alfonso. Fuera.

-Es mi casa.

-Bien, entonces me voy yo.

Paula movió sus pies, subida aun en sus altos tacones, podría propinarle una patada en la entrepierna antes de salir…

-No sé donde pensas que vas, pero puedes ir aparcando tus lindos piesitos, porque al único lugar al que te van a llevar, va a ser de vuelta a la cama.

-No estaba en la cama… -replicó ella.

-Esta mañana si.

Paula se paralizó. Lo miró a los ojos, y vio duda en ellos, ¿se acordaría él de…? No, imposible.

-No sé de que hablas…

Pedro se acercó a ella, y la asió de los brazos con suavidad, lo sujetó pero sin forzarla y sin hacerle daño.

-Contame, Paula, decime que pasó ayer… -ella titubeó. ¿Qué le contara qué?

-No hay nada que decir.

-¿No, nada?

-No…

-Entonces no te forcé… no te hice daño…

El estómago de Paula se encogió, no la forzó, no le hizo daño… ¿de qué hablaba? Miró a los ojos de Pedro, y entonces lo entendió. El color acudió a sus mejillas.

-Anoche no pasó nada –aclaró- solo dormimos.

-Solo dormir –dijo él ausente- Si. Solo dormir. Bien. Ahora agarra tus cosas y llevalas a nuestra habitación.

El enojo que había quedado en un segundo plano, volvió a ser la estrella del momento.

-No. No voy a ninguna parte.

-Sos mi mujer, y como tal, debes compartir mi cama.

-Cavernícola –susurró ella, sin mirarlo- soltame –pidió. Él, para asombro de ambos, la soltó.

-Mira Paula… no compliques las cosas, deja de jugar, solo tenes que trasladar la ropa, dormir juntos no nos va a hacer daño.

-Si, ya…

-Paula…

-No quiero compartir tu cama, Pedro, tengo suficiente con tener que verte a diario…

Él cerró los ojos, después los abrió, brillantes… llamativos. Pula los miró. Él la miró a ella. Suspiró, profundamente, Paula intentó controlar sus instintos más primitivos. Como era el querer pasar la mano por la piel suave recién afeitada, o por el pelo suave y rizado de él. Pedro no tardó nada en ahuyentar los sentimientos de ella, solo tuvo que abrir la boca.

-Me importa muy poco lo que queres, corazón, mi hermano va a pasar unos días con nosotros, y como comprenderás, no pienso dejar que duermas en otra habitación.

Paula no estaba segura de que le había afectado más, si el tono osco de Pedro, o el significado de sus palabras, se quedó en silencio, y retrocedió los pasos justos hasta llegar a tocar con las piernas la cama, donde se dejó caer.

-No –dijo ella.

-Deja la terquería, Paula, no vas a conseguir nada. Te dije que quería que nos llevemos bien. Empezar de nuevo.

-No es tan fácil, Pepe, no lo es.

Él agradeció el escuchar de los labios de ella, el diminutivo de su nombre, le daba sensación de confianza, de intimidad. Suspiró.

-Claro que lo es, solo tenemos que llevarnos bien. Solo eso. No es tan difícil, corazon, en antaño nos llevábamos bien.

-¡No compares, Pedro, no compares!

-¡Ya estoy cansado de pelear, tenemos una hija de tres años, debemos dar ejemplo, comportarnos!

Paula se levantó de un salto de la cama, y lo miró a los ojos furiosa.

-¡No pienso comportarme de ninguna forma, con el… con tu hermano metido en casa! Cuando se vaya, lo pensaré.

Pedro suspiró.

-No pienso echar a nadie.

-Y yo no pienso convivir con un mentiroso y un manipulador.

Pedro arqueó una ceja, y ella supo que recordaba el momento en el que él la había llamado así. Después su boca se convirtió en una línea recta.

-No vuelvas a insultarlo.

-¿Qué no lo insulte? Te aseguro que no vas a conseguir dirigirme, no me vas a dar ninguna orden. Y te digo algo, si él se queda, Sofia y yo nos vamos.

-Paula, te estás pasando.

-No, no lo estoy haciendo.

-Si. Lo haces.

-Mira, Pedro, no pienso vivir con alguien que me engañó en el pasado, porque aunque vos no me creas, yo no te estoy mintiendo, y una prueba de ello son las palabras que él me dijo, antes de que vos, me echaras a mi cuarto como a una nena de cinco años. 

Pedro esperó, ella tomó aire.

-Me dijo, que no seguiríamos casados por mucho tiempo.

Su cara, no mostró nada. Ella permaneció a la espera de algo, una señal.

-¿No vas a hacer nada?

-Estoy cansado de que me mientas, Paula –dijo- Muy cansado.

Ella sintió los oídos pitarle, el nudo del estómago era demasiado fuerte, quería vomitar. Pero… no tenía fuerzas para moverse, tan solo deseaba cerrar los ojos y desaparecer, el corazón… no sentía su palpitar, ¿se habría parado, haciéndole así un favor?

Alzó los ojos, y supo que estaba viva, él era el único que lo hacía latir con tan solo una mirada. Pero esa vez, latió despacio. Y ella quiso que parara, y todo desapareciera.

Se sentía tan desgraciada… tan desdichada.

¿Por qué no le creía? ¿Por qué era tan difícil que tomara enserio sus palabras? Ella no había hecho nada malo. Se había pasado tres años llorando la muerte de su amado, y esos tres años parecían tan lejanos… Él no estaba muerto. Ella no tenía por que llorar.

Sin embargo, sentía como su corazón continuaba con su llanto silencioso. Le dolía tanto…

Si tan solo consiguiera, que él le creyera, si tan solo consiguiera que Ángel confesara.
Todo se aclararía.

Todo… podría volver a ser algo normal, aunque ella no se sentía capaz, de confiar en él lo suficiente, como para darle la llave de su corazón. ¿Podría dejarlo en sus manos algún día, sin temor?

Alzó los ojos hacía él, y los bajó enseguida, las lágrimas se habían acoplado.
-deci algo –pidió él.

-Lo siento –susurró ella, y no sabía porque esas dos palabras habían salido de sus labios.

-Paula yo…

Una tregua. Solo necesitaba un poco de tiempo para desenmascarar a aquella persona. Un poco de tiempo.

-Voy a trasladar mis cosas a tu cuarto.

-Nuestro.

-Lo que sea. No tardo.

Algo extraño se alojó en la garganta de Pedro, le costaba respirar, ¿Qué le pasaba, por que actuaba así? Paula no era de las que se dejaban dominar… ¿No estaría planeando algo?

La miro sacando ropa y acomodándola en la cama. Se veía tan débil. Despacio y sigiloso se acercó a ella, a pocos pasos, se dio cuenta, de que el cuerpo de ella se movía, sacudido por los sollozos.

La abrazó por detrás, tiernamente, notó la rigidez de ella al sentirlo, pero enseguida se relajó y lloró.

-Shh… todo va a estar bien –prometió sin saber por qué.

Ella no dijo nada, solo, lo abrazó. Un poco de su contacto no le haría más mal.
Solo un poco.

-Todo va a estar bien… -repitió. Entonces, ¿Por qué ella se sentía tan perdida?


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Aca tienen el capitulo niñas!!!
Espero que les guste!!!!
Ya falta poco para el final!
Gracias por todos los comentarios! Que lindo que les guste la historia!

ACLARACION: porque vi muchos comentarios referido a eso, LA NOVELA ES UNA ADAPTACION, NO la escribo yo! 
Ahora si...
Hasta mañana!

5 comentarios: