-¡Papá,
papá! ¡Papi!
La
voz de Sofia resonó en la habitación, Pedro la miraba con la boca abierta, y no
era capaz de pronunciar nada. Paula se había quedado tan extrañada que no había
sido capaz de reaccionar, y Zaira por su parte estaba inaudita.
-Sofi,
cielo… -Paula intentó decir algo.
-¡Papi!
–repitió la niña- ¡Mami, es papi!
Paula
quiso llorar, tan solo le había mostrado un par de fotos a su hija de tres años
y pareciera que su memoria fuera un tesoro. Paula solo asintió y buscó la
mirada de aquel hombre que tanto había amado. Él la miraba con frialdad, pero
tan solo duró un segundo, su mirada volvió a la niña que lo llamaba con los
brazos extendidos. No podía negar el parecido ¿pero era realmente su hija?
No
podía ser… Si era su hija ¿por qué razón se había ido Paula? No entendía nada.
Dando
media vuelta le dio la espalda a todo el mundo, y a grandes zancadas salió de
la habitación, cerrando de un portazo, que hizo a Sofia llorar.
-Papá
se fue–lloró con pena la pequeña.
-Ya
bebe, papá va a volver –Paula no sabía por que le había dicho eso a la niña, no
le mentía, era totalmente sincera con su pequeña hija, no le creaba ilusiones,
sin embargo, no había podido evitar sus palabras.
-Si
te quiere… solo está asustado.
-¿Papi
tiene miedo? –preguntó como si fuera algo muy gracioso.
-Si…
-jajaja
–rió tapándose la boca- Papi tiene miedo –se burló inocentemente. Paula sonrió-
¿Pero papi va a venir?
Muy
a su pesar, Paula asintió.
-¿Cuándo?
–preguntó la nena.
-Cuando
no tenga miedo.
-Le
doy a papi a Puu para que no tenga miedo… -y le ofreció a su madre su pequeño
osito, llamado Puu que le quitaba a ella el miedo por las noches. Paula lloró,
las lágrimas cayeron por sus mellijas- Si le dejo a papi Puu, ¿papi no tiene
miedo?
La
pequeñina sonrió, y abrazó a su madre.
-No
llores, te pones fea… -eso mismo le decía Paula a ella cuando la niña lloraba,
desde luego tenía un enorme tesoro- Toma a Puu para que mami no llore. –Le dijo
ofreciéndole el osito a ella también- después se lo doy a papi.
Paula
abrazó el peluche, y lloró desconsoladamente, mientras intentaba controlarse en
vano, las lágrimas silenciosas caían por sus mejillas como un torrente y no
conseguía controlarlas.
¡Que
mala idea había sido publicar ese maldito libro! Pedro le había destrozado la
vida… por segunda vez.
Aún
recordaba cuando Ángel le había comunicado que habían encontrado el cuerpo de
su marido… sin vida. Las lágrimas ni siquiera habían caído, no podían salir
¿cómo iban a salir cuando no creía en lo que oía?
Él
le había prometido estar con ella eternamente… sin embargo, decían que había
muerto en una de sus expediciones. Y ella ni siquiera había podido ir con él,
se había sentido tan mal los últimos días, que Pedro la había obligado a
quedarse en casa, en poco tiempo descubrió que el mal estar era a causa de la
pequeña vida que crecía en su interior, y justo el mismo día que se enteró,
también le informaron de que su esposo
estaba muerto.
Muerto…
Ángel,
tan amable como siempre le había ofrecido un pasaje, y un viaje con todos los
gastos pagados para que ella descansara y se tranquilizara… Paula se había
negado, quería saber de Pedro, no sabía nada de nada. Y el dolor la destruía
lentamente, muy despacio, la estaba consumiendo…
Cuando
no pudo más, y tras muchas insistencias, dejó que Ángel la mandara donde él
quisiese, por el bien de su hija.
En
poco tiempo se encontró lejos, con una panza de cinco meses, mucho dolor, y
nadie con quien desahogarse. Lo primero que tuvo entre sus manos fue un papel y
un bolígrafo, y en ese papel, comenzó a escribir anécdotas de ella con Pedro,
para reír, para llorar. Poco tiempo después se encontró escribiendo como se
conocieron, como se lo pasaban, como él insistía con ella, y como ella se había
enamorado de él como una tonta. Y cuando se dio cuenta, había transmitido al
papel, toda y cada unas de sus vivencias con Pedro, todas lo más exactas
posibles. Su amiga Zaira le había recomendado mandarlo a una editorial.
Y
Susana, la que es ahora su editora, le había dicho que era muy buena, y que
sería un éxito, tan solo necesitaba unos pequeños cambios… a los que Paula
había cedido, no tenía nada que perder.
Todo
había sido tan duro… pero tan reconfortable a la vez. Había podido descargar
todo, todo su dolor y sufrimiento, la escritura la hacía poder recuperarse, era
como una terapia, su hija era su vida, y se encontraba mucho mejor, casi era
completamente feliz, estaba recompuesta.
Y
justo, cuando todo iba sobre ruedas, llegaba él y la destruía de nuevo.
-Paula
¿estás bien? –la voz de su amiga la sacó de su mundo de dolor.
-Si,
un poco cansada…
-Deja
de llorar, me rompes el alma, ¿Qué te pasa?
-Pedro…
-¿De
verdad era él? No estaba…
-Muerto.
-Aja…
-Por
lo visto no lo está… a menos que yo esté loca, y vaya ya directamente al
psiquiátrico. Pero parece que no soy la única que lo ve –comentó encogiéndose
de hombros- así que no es un sueño ni una pesadilla. Aparecio y dice que me va
a demandar.
-Eso
dice.
-No
puede hacer eso…
-No
sé Zai, pero no me voy a quedar de brazos cruzados…
-Me
parece bien, ese cretino… Marcos te puede defender.
Sofia
miraba a su madre hablar, y sin mucho entusiasmo por entender nada, agarro a
Puu y salió de la habitación, tenía una misión… Paseó, pero no mucho, de pronto
reconoció a la persona que buscaba, se acercó a él, y tiró de su chaqueta.
-Papi
–lo llamó, Pedro se giró hacía la pequeña.
-Sofi
–la niña asintió feliz de que se acordara de ella.
Toma a Puu papi –continuó con su hermosa
sonrisa.
-Puu.
-si…
Puu –insistió con el peluche hacía arriba.
Pedro
vaciló, y entonces se arrodilló ante la pequeña, la miró a los ojos y supo, que
era su hija.
-Oh,
Sofi –murmuró abrazándola, una tristeza intensa lo invadió. ¡Maldita fuera Paula
y el día en que la conoció!- Soy papá –dijo.
-Si…
¡Papi! –gritó ella.
-Papi…
-¿Papi
quiere a Puu?
Pedro
miró a su hija, y la abrazó.
-¡Sofia!
–la voz de Paula estaba cargada de miedo, y de pronto estaba frente a Pedro a
medio vestir, y con la cara desfigurada, agarro a su nena y la abrazó- oh, mi
vida no hagas eso, no te vayas sin decírselo a mamá.
-Mami…
perdón… le daba Puu a papi.
-Oh,
mi bebe, no me des esos sustos…
-La
culpa es tuya, deberías estar más pendiente de ella –dijo Pedro.
-¿Perdon?
¿Quién te crees que sos para darme órdenes? –preguntó Paula sorprendida y
sintiéndose ofendida. ¡Que hipócrita era cuando se lo proponía!
Pedro
la miró y le sonrió, después extendió los brazos hasta la niña y ella fue hacía
él, su sonrisa se amplió.
-El
padre de tu hija.
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Gracias por todos sus comentarios y la buena onda!
Espero que les guste el cap!
Hasta mañana!
Las que quieran que les pase el cap escribanme en mi tw @heybett_
Me encantooooooooooo!!!!!!! Quiero maaas!!
ResponderBorrarEsta muy buena la nove!! Me la pasas cada vez que publiques? Soy @pauliterlu gracias :)
ResponderBorrarme encantaaaaaaaaaa!! hacela de muchosssssss caputulos,vos dijiste quee eran pocos!hacela de muchos!!!!!!!!plis esta muyyy buena!
ResponderBorrarque buen capítulo!!!!! quiero más
ResponderBorrarbuenísimo,seguí subiendo!!!
ResponderBorrargenial!!!! me avisas cuando subis? soy @locaaporpyp
ResponderBorrarExcelente!!!!! buenisimaaaa!
ResponderBorrarque sorpresa linda encontrar esta historia ;)
yo tb quiero que me la pases! @EpiInspirados
Gracias!