martes, 14 de mayo de 2013

Capitulo 3


-¡Papá, papá! ¡Papi!

La voz de Sofia resonó en la habitación, Pedro la miraba con la boca abierta, y no era capaz de pronunciar nada. Paula se había quedado tan extrañada que no había sido capaz de reaccionar, y Zaira por su parte estaba inaudita.

-Sofi, cielo… -Paula intentó decir algo.

-¡Papi! –repitió la niña- ¡Mami, es papi!

Paula quiso llorar, tan solo le había mostrado un par de fotos a su hija de tres años y pareciera que su memoria fuera un tesoro. Paula solo asintió y buscó la mirada de aquel hombre que tanto había amado. Él la miraba con frialdad, pero tan solo duró un segundo, su mirada volvió a la niña que lo llamaba con los brazos extendidos. No podía negar el parecido ¿pero era realmente su hija?

No podía ser… Si era su hija ¿por qué razón se había ido Paula? No entendía nada.
Dando media vuelta le dio la espalda a todo el mundo, y a grandes zancadas salió de la habitación, cerrando de un portazo, que hizo a Sofia llorar.

-Papá se fue–lloró con pena la pequeña.

-Ya bebe, papá va a volver –Paula no sabía por que le había dicho eso a la niña, no le mentía, era totalmente sincera con su pequeña hija, no le creaba ilusiones, sin embargo, no había podido evitar sus palabras.

-Se fue –se quejó mientras las lágrimas caían por sus mejillas- ¿papi no me quiere?

-Paula, ¿Qué está pasando? –preguntó su amiga, preocupada.

-Si te quiere… solo está asustado.

-¿Papi tiene miedo? –preguntó como si fuera algo muy gracioso.

-Si…

-jajaja –rió tapándose la boca- Papi tiene miedo –se burló inocentemente. Paula sonrió- ¿Pero papi va a venir?

Muy a su pesar, Paula asintió.

-¿Cuándo? –preguntó la nena.

-Cuando no tenga miedo.

-Le doy a papi a Puu para que no tenga miedo… -y le ofreció a su madre su pequeño osito, llamado Puu que le quitaba a ella el miedo por las noches. Paula lloró, las lágrimas cayeron por sus mellijas- Si le dejo a papi Puu, ¿papi no tiene miedo?

-No, princesa, si papi tiene a Puu, papá no tiene miedo.

La pequeñina sonrió, y abrazó a su madre.

-No llores, te pones fea… -eso mismo le decía Paula a ella cuando la niña lloraba, desde luego tenía un enorme tesoro- Toma a Puu para que mami no llore. –Le dijo ofreciéndole el osito a ella también- después se lo doy a papi.

Paula abrazó el peluche, y lloró desconsoladamente, mientras intentaba controlarse en vano, las lágrimas silenciosas caían por sus mejillas como un torrente y no conseguía controlarlas.

¡Que mala idea había sido publicar ese maldito libro! Pedro le había destrozado la vida… por segunda vez.

Aún recordaba cuando Ángel le había comunicado que habían encontrado el cuerpo de su marido… sin vida. Las lágrimas ni siquiera habían caído, no podían salir ¿cómo iban a salir cuando no creía en lo que oía?

Él le había prometido estar con ella eternamente… sin embargo, decían que había muerto en una de sus expediciones. Y ella ni siquiera había podido ir con él, se había sentido tan mal los últimos días, que Pedro la había obligado a quedarse en casa, en poco tiempo descubrió que el mal estar era a causa de la pequeña vida que crecía en su interior, y justo el mismo día que se enteró, también le  informaron de que su esposo estaba muerto.

Muerto…

Ángel, tan amable como siempre le había ofrecido un pasaje, y un viaje con todos los gastos pagados para que ella descansara y se tranquilizara… Paula se había negado, quería saber de Pedro, no sabía nada de nada. Y el dolor la destruía lentamente, muy despacio, la estaba consumiendo…

Cuando no pudo más, y tras muchas insistencias, dejó que Ángel la mandara donde él quisiese, por el bien de su hija.

En poco tiempo se encontró lejos, con una panza de cinco meses, mucho dolor, y nadie con quien desahogarse. Lo primero que tuvo entre sus manos fue un papel y un bolígrafo, y en ese papel, comenzó a escribir anécdotas de ella con Pedro, para reír, para llorar. Poco tiempo después se encontró escribiendo como se conocieron, como se lo pasaban, como él insistía con ella, y como ella se había enamorado de él como una tonta. Y cuando se dio cuenta, había transmitido al papel, toda y cada unas de sus vivencias con Pedro, todas lo más exactas posibles. Su amiga Zaira le había recomendado mandarlo a una editorial.

Y Susana, la que es ahora su editora, le había dicho que era muy buena, y que sería un éxito, tan solo necesitaba unos pequeños cambios… a los que Paula había cedido, no tenía nada que perder.

Todo había sido tan duro… pero tan reconfortable a la vez. Había podido descargar todo, todo su dolor y sufrimiento, la escritura la hacía poder recuperarse, era como una terapia, su hija era su vida, y se encontraba mucho mejor, casi era completamente feliz, estaba recompuesta.

Y justo, cuando todo iba sobre ruedas, llegaba él y la destruía de nuevo.

-Paula ¿estás bien? –la voz de su amiga la sacó de su mundo de dolor.

-Si, un poco cansada…

-Deja de llorar, me rompes el alma, ¿Qué te pasa?

-Pedro…

-¿De verdad era él? No estaba…

-Muerto.

-Aja…

-Por lo visto no lo está… a menos que yo esté loca, y vaya ya directamente al psiquiátrico. Pero parece que no soy la única que lo ve –comentó encogiéndose de hombros- así que no es un sueño ni una pesadilla. Aparecio y dice que me va a demandar.

-¿Qué qué? –preguntó su amiga en un grito, Sofia la miró. Y Paula se encogió de hombros.

-Eso dice.

-No puede hacer eso…

-No sé Zai, pero no me voy a quedar de brazos cruzados…

-Me parece bien, ese cretino…  Marcos te puede defender.

Sofia miraba a su madre hablar, y sin mucho entusiasmo por entender nada, agarro a Puu y salió de la habitación, tenía una misión… Paseó, pero no mucho, de pronto reconoció a la persona que buscaba, se acercó a él, y tiró de su chaqueta.

-Papi –lo llamó, Pedro se giró hacía la pequeña.

-Sofi –la niña asintió feliz de que se acordara de ella.

-Papi tiene miedo? Toma a Puu para que no llores –le dijo, mientras estiraba los bracitos, y le ofrecía el peluche- Cuando tengo miedo llamo a Puu, pero ya no. 
Toma a  Puu papi –continuó con su hermosa sonrisa.

-Puu.

-si… Puu –insistió con el peluche hacía arriba.

Pedro vaciló, y entonces se arrodilló ante la pequeña, la miró a los ojos y supo, que era su hija.

-Oh, Sofi –murmuró abrazándola, una tristeza intensa lo invadió. ¡Maldita fuera Paula y el día en que la conoció!- Soy papá –dijo.

-Si… ¡Papi! –gritó ella.

-Papi…

-¿Papi quiere a Puu?

Pedro miró a su hija, y la abrazó.

-¡Sofia! –la voz de Paula estaba cargada de miedo, y de pronto estaba frente a Pedro a medio vestir, y con la cara desfigurada, agarro a su nena y la abrazó- oh, mi vida no hagas eso, no te vayas sin decírselo a mamá.

-Mami… perdón… le daba Puu a papi.

-Oh, mi bebe, no me des esos sustos…

-La culpa es tuya, deberías estar más pendiente de ella –dijo Pedro.
-¿Perdon? ¿Quién te crees que sos para darme órdenes? –preguntó Paula sorprendida y sintiéndose ofendida. ¡Que hipócrita era cuando se lo proponía!

Pedro la miró y le sonrió, después extendió los brazos hasta la niña y ella fue hacía él, su sonrisa se amplió.

-El padre de tu hija.


-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Gracias por todos sus comentarios y la buena onda!
Espero que les guste el cap!
Hasta mañana!

Las que quieran que les pase el cap escribanme en mi tw @heybett_

7 comentarios:

  1. Me encantooooooooooo!!!!!!! Quiero maaas!!

    ResponderBorrar
  2. Esta muy buena la nove!! Me la pasas cada vez que publiques? Soy @pauliterlu gracias :)

    ResponderBorrar
  3. me encantaaaaaaaaaa!! hacela de muchosssssss caputulos,vos dijiste quee eran pocos!hacela de muchos!!!!!!!!plis esta muyyy buena!

    ResponderBorrar
  4. buenísimo,seguí subiendo!!!

    ResponderBorrar
  5. genial!!!! me avisas cuando subis? soy @locaaporpyp

    ResponderBorrar
  6. Excelente!!!!! buenisimaaaa!
    que sorpresa linda encontrar esta historia ;)

    yo tb quiero que me la pases! @EpiInspirados
    Gracias!

    ResponderBorrar