lunes, 13 de mayo de 2013

Capitulo 2



-¿De quien es? –la voz de Pedro rugió, mientras la puerta se estrellaba contra la pared.

Paula saltó en la cama, mientras se cubría con las sábanas y rezaba en silencio, ¿Qué demonios le pasaba ahora? ¿No había tenido suficiente con estropearle el día, y lo que le quedaba de vida?

-Enfermera –llamó ella.

-Dejate de enfermeras y decime de quien es ¿de quién es, eh? ¡Decimelo!

Paila tiró de las sábanas mientras su cuerpo temblaba del miedo, ¿de quién era qué? ¿de qué hablaba? ¿Y porque gritaba como si fuera sorda?

-¿Qu… de qué… a que te referis?

-A Sofia ¿a quién más? ¿De quién es, Paula? ¡Decimelo! ¿Por eso te fuiste? ¿Por eso no me esperaste?

-Yo…

-¡Sos una…! –de pronto se calló y se mordió la lengua para no decir lo que pensaba, él sabía controlarse… y eso iba a hacer- de verdad me das asco –dijo.

La rabia de Paula surgió de la nada, ¿Qué le daba asco, pero quien se creía que era?

-Creeme, no sos el único que tiene ganas de vomitar –contestó respirando hondo. No le iba a dar el gusto de verla enojarse.

-Ah, encima con sarcasmo. No te vayas por la tangente, ¡y decime de quien es la nena!

-¿Sofia? –preguntó.

-¡Creo que te dije antes de quien hablaba!

-¿Me estás preguntando de quien es hija Sofia?

-Bien… veo que comenzas a comprender –se burló él.

El calor que recorrió el cuerpo de Paula no era de nada bueno, el miedo se apoderó de ella ¿a qué venía esa pregunta? No quería responder…

-Mía… Sofi es hija mía.

-El padre, Paula, hablo del padre de la nena.

-No hay…

-Bien. Paula, no estoy para juegos.

-¡Yo tampoco! No tengo por qué darte explicaciones.

La risa de Pedro fue interna, de lo más profundo de su ser ¿Qué tenía tanta gracia? Siguió riendo un poco más hasta que la miró con atención.

-Creo, que me debes muchas explicaciones, y podes ir empezando por decirme quien es el padre de la nena.

-Te dije que no tengo por qué darte explicaciones.

Pedro se acercó a la cama, y se inclinó sobre el cuerpo indefenso de la chica, Paula se escondió, a pesar de que quería espantarlo no lo hizo, y lo miró a los ojos, él, que la miraba con intensidad, se acercó más.

-Ya te dije lo que tenías que oír.

-¿Ah, si? ¿Cuándo? Porque yo no me entere…

-No me gusta la estupidez.

Paula se incorporó de repente, y él se echó hacia atrás para no chocar con ella.

-¡Si aca hay algún estúpido ese sos vos! ¡Te pasas tres años desaparecido, muerto! Venis ¿y me pedis explicaciones? Oh, creo que aca el único que tiene que  dar explicaciones sos vos.

-¿Desaparecido? ¿Muerto? Me parece que alguien se aprendio muy bien su papel… ¿Cómo, Paula, cómo morí? Recordame aquel trágico golpe y como morí en tus brazos…

Las mejillas de la chica se tiñeron, y la vergüenza se apoderó de ella.

-Eso no viene al caso.

-¿No? Si no recuerdo mal, fuiste vos quien saco el tema.

-Fue un acto fallido.

-Si, de eso vamos a hablar más tarde, ahora quiero saber de quién es hija Sofia.

-¿De quien pensas que es hija, Pedro? –se aventuró Paula.

-Mmm… no lo sé, hay tantos candidatos –respondió dudoso.

-Sos un cínico. El único hombre con el que he estado en toda mi vida fuiste vos.

-Ja, ja –rió Pedro sarcásticamente tocando las palmas- ¿estás diciendo que Sofia es hija mía?

-Eso mismo.

-No lo creo.

Paula fue a defenderse, cuando de pronto la puerta se abrió.

-Mami –la voz alegre de una niña sonó- ¿Qué te pasó, mami?

Pedro miró a la pequeña castaña que gateaba por la cama de su madre, en la puerta apareció de pronto una morocha, que traía una bolsa enorme y una muñeca bajo el brazo.

-¡Paula! –dijo la voz celestial de la chica- ¿Qué te paso, estás bien? Cuando me dijeron que llamaban del hospital casi me da algo… dejé a Marcos con los nenes y traje de inmediato a Sofi…

-Así que esta es Sofia… -Pedro habló sin pensar, y siguió mirando a la criatura que estaba tocando la cara de su madre.

La niña se giró hacía él, dejando a su madre de lado, Paula tembló, ¿Quién iba a poder negar que era hija de Pedro, tenía sus mismos ojos, su mismo pelo, el color de su piel, los rasgos de la cara eran los de ella, finos y delicados, el tamaño de sus ojos también era cosa suya, pero el color, y la forma de mirar eran de Pedro, y parecía que él lo había notado.

-Estoy bien… -le contestó a Zaira, su amiga.

-Oh, que bueno, ¡me llevé un susto de muerte!

La niña miraba hipnotizada a aquel hombre que la observaba, algo le sonaba de él, miró a su madre que la miraba con miedo, pero volvió a mirar a aquellos ojos que eran como los suyos. Y dando un salto en la cama se incorporó para pronunciar una única palabra.

-¡Papi!


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Gracias por todos sus comentarios!
Que lindo que este gustando la nove!
Aca va el 2! Espero que el guste!
Hasta mañana! :)

1 comentario: