Paula
se tapó con las mantas hasta la cabeza, cuando escuchó girar el pomo de la
puerta. En el hospital se había librado de hablar con Pedro, porque estaban Zaira
y su hija, que le habían impedido hablar del embarazo, del divorcio y demás.
Pero
ahora estaba en… casa de Pedro, realmente su casa, porque era así como la
sentía. Y Zaira se había llevado a Sofia para jugar, y así ella pudiera
descansar, a pesar de su negativa.
-Solo
va a ser un ratito… -había dicho la morocha- y veremos la película que ella
quiera.
-No
es necesario, Zai, de verdad –se había opuesto Paula- estoy bien.
-Más
vale prevenir que curar, ¿no?
-Pero…
-A
mi me parece buena idea –había intervenido Pedro, y así, sin más, Zaira había
sonreído mientras cargaba a Sofia en sus brazos.
Respiró
profundamente, y apretó los ojos con fuerza, con un poco de suerte, quizás él
se fuera. Escuchó sus pasos firmes en el suelo, acercándose hasta la cama, el
corazón comenzó a palpitarle cada vez más rápido. Sentía un nudo estrangulador
en el estómago, que la hacía querer moverse de un lado a otro.
Pero
se mantuvo quieta, intentando aparentar relajación para parecer dormida.
Resopló cuando el colchón se hundió bajo el peso de Pedro quien se había
sentado a su lado.
-Amor…
-ella gimió en silencio.
«Por
favor, por favor, andate…»
-Paula…
sé que estás despierta…
Ella
se mantuvo quiera, en silencio, mientras rogaba que él se vaya, que se
rindiera, que realmente la creyera dormida. O aunque la supiera despierta,
captara la indirecta que le mandaba y se largara.
Pedro
respiró profundamente, y dejó la vista fija en la mejilla sonrojada de su mujer.
Con cuidado posó su mano sobre ella y le acarició la piel suave y caliente.
Un
bebé.
¿Quién
lo diría?
Otra
personita como Sofia a la que querer, a la que amar. Un bebé de los dos, al que
podría ver crecer y nacer. Con el que compartir su vida. Otro miembro en la
familia…
Familia.
¿Eran una familia?
Debía
reconocer, que aún no. Primero, debía hablar con ella, decirle todo lo que
sentía. Confesarle que la amaba. Y pedirle perdón y una nueva oportunidad.
Hablar
con ella, algo en lo que Paula, no quería colaborar ya que continuaba tensa y
con los ojos apretados.
-Pau,
por favor, tenemos que hablar.
Paula continuó sin responder, y él suspiró. Sólo quería hablar con ella.
-Por
favor… -silencio, le dolía el corazón- está bien –dijo- voy a esperar a que…
despiertes.
Se
levantó de la cama y se metió en el cuarto de baño, donde Paula escuchó el agua
correr, continuaba rígida, incapaz de moverse, por si a él se le ocurría de
pronto aparecer en la habitación, ya en ese momento, no tendría escapatoria.
Había puesto tanto empeño en aparentar que dormía, que finalmente, se había dormido de verdad. Paula abrió los ojos empalagosamente, le pesaban, sentía todo el cuerpo tenso, por como había estado, se movió sobre el colchón y su cuerpo se quejó por la rigidez a la que había estado sometido.
Recta
y boca arriba, comenzó a estirar cada miembro de su cuerpo. Cuando por fin
abrió los ojos completamente, se dio cuenta de que era de noche.
-Dios…
-susurró. ¿Cuánto había dormido?
Se
levantó y cayó en la cuenta de que Sofia ya estaría en casa. Se incorporó tan
rápido que sus piernas no la sostuvieron y se balanceó. De pronto una figura
alto salió de la nada y la sujetó impidiéndole caer.
-Ahhh…
-gritó ella aterrada.
-Shh…
tranquila, soy yo.
Quisiera
que no, el escuchar la voz de Pedro la tranquilizó.
-¡Me
diste un susto de muerte!
-Y
vos a mi otro, casi te caes redonda al suelo…
-Es
que… me levanté muy rápido.
-¿Y
se puede saber a dónde ibas?
-Yo…
a ver a Sofia. No sabía si había vuelto.
-Sofia
está profundamente dormida. Así que no te preocupes, ya la vas a ver mañana.
-Yo…
-Sentate,
Pau… por favor.
Dando
un suspiro, Paula se dejó caer en la cama, sabía lo que venía. De pronto la luz
de la lámpara iluminó la habitación, y ella parpadeó acostumbrándose.
-Pedro…
Ella
suspiró.
-Pedro,
me parece que no hay nada de lo que hablar…
-¡Claro
que si! Te lo intentaba decir todo antes… antes de que te desmayes.
-Oh,
perdón –contestó con ironía.
-No
seas boba… lo que quiero decir, es que tenemos mucho que decirnos.
-Yo
no lo creo así… de hecho no tengo nada que decirte, lo mejor es que firmes esos
papeles y ya.
Paula
se levantó mientras decía aquello y se sacudió el camisón arrugado. Él se
acercó a ella, y Paula lo miró a los ojos, las manos de Pedro grandes y fuertes
se cerraron en torno a los pequeños brazos de Paula, y con el pulgar le
acarició la piel desnuda.
-Es
lo mejor…
-¡No
quiero perderte! ¿No lo entendes?
La
boca de Pedro cubrió la de ella con agresividad, su lengua separó los labios
femeninos e introdujo en su boca,
invadiéndola, saqueándola. Paula suspiro mientras sus ojos se llenaban de
lágrimas, maldito fuera, ¿Por qué la hacía sentirse así? Introdujo sus manos
entre ellos dos, y acarició el pecho de él, mientras contestaba a aquel beso
prohibido.
Jadeante,
él dejó de besarla.
-No
quiero perderte –repitió Pedro, apoyando su frente en la de Paula.
-Es
lo mejor… -repitió ella.
-¿Queres
dejar de decir que es lo mejor? ¿Lo mejor para quién? Porque para mi no… Paula,
sé que me comporte como un energúmeno, fui la peor persona que existe sobre la
tierra, te trate mal, no te crei. Pero te amo con toda mi alma…
Las
lágrimas cayeron por las mejillas pálidas de Paula.
-No
entendes, Pepe –susurró- El amor solo no basta. No me sirve que me ames si no
confías en mí.
-Amor
mío… -la voz rota de Pedro, resonó en su cerebro. Lo quebró y el corazón
comenzó a llorarle de dolor- lo siento… -susurró- lo siento muchísimo. Siento
haber desconfiado de vos. El dolor me cegaba. Sé que no tengo excusa, que debí
haberte creído… pero era más fácil culpar…
-Pedro…
-Todo
fue muy duro desde que te fuiste, soy un zombi… te juro que prefiero volver a
perder la memoria, o la vida que vivir sin vos… Enterré a mi hermano y no sentí
más que dolor por no tenerte a mi lado…
Paula
se quedó en shock.
-¿Enterraste
a…? ¿Está…?
-Muerto…
si. Por eso llegué tan tarde ese día que me fui con él… saliendo, se tiró a la calle
y lo atropello un auto… tuve que estar en el hospital… pero eso no es
importante. Quizás sea un castigo por todo lo que hizo.
-Yo…
lo siento.
-Yo
no siento nada. Lo único que siento es un vacío en mi corazón, porque te voy a
perder.
Hubo
un silencio, y Paula se sentó en la cama, Pedro se giró y suspiró.
Paula sintió los oídos pitarle. El corazón palpitarle, y el mismo vacío que Pedro había dicho que sentía él.
Paula sintió los oídos pitarle. El corazón palpitarle, y el mismo vacío que Pedro había dicho que sentía él.
Lo
oyó suspirar, lo vio acercarse a la cómoda y abrir un cajón. Se inclinó hacia
delante y oyó el garabateo de un bolígrafo sobre el papel.
Pedro
se giró hacía ella con el corazón hundido.
-Quizás
tenes razón –le dijo- Yo ya no sé nada… quizás lo mejor sea que nos separemos,
aunque no lo siento así. Pero, no quiero hacerte vivir un infierno, algo de lo
que me encargue hacerte pasar últimamente. Si queres el divorcio, lo vas a tener.
Toma Paula –murmuró tendiéndole un papel- te voy a dejar tranquila, te podes
quedar con la casa, yo me voy a buscar un departamento, esta la compré para vos
y está a tu nombre, solo te pido que me dejes ver a mis hijos… me voy a adaptar
a tus horarios.
-Pedro…
Él
se agachó y se puso a la altura de ella. Le acarició la cara y acercó sus
labios.
-Solo
un último beso –suplicó, y ella lloró. Sus labios se unieron, dócil y
suavemente, un beso lento, suave, largo, amoroso… se separaron, y él le secó la
cara a ella- solo, recorda Pau, que te amo. Y si algún día queres algo, no
dudes en pedírmelo… quizás algún día, puede que vuelvas a confiar en mí. Porque
lo que es yo, puedo asegurar que sos la única persona que tiene mi confianza.
Te amo… -dijo- no lo olvides.
Ella oyó con los ojos cerrados, los pasos de Pedro, la puerta cerrarse y de nuevo sus pasos andando por el pasillo. Dios santo, como le dolía el alma. Como le dolía perderlo.
¿Qué
estaba haciendo?
Un
error lo podía tener cualquiera. Nadie es perfecto, y aunque era cierto, que a
ella le había dolido todo su ser por la desconfianza de él. También era cierto
que lo amaba con cada fibra de su cuerpo.
Ángel
no estaba… y aunque estuviera, ella sabía que Pedro era sincero y que nunca más
volvería a fallarle como le había fallado. Conocía a Pedro, conocía su parte
amorosa, su parte odiosa y amaba a las dos. Además, tenía un hijo suyo en sus
entrañas.
Una
nueva oportunidad no le haría mal a nadie.
Poniéndose
de pie de un salto, salió corriendo, había oído los pasos de Pedro escaleras
abajo.
-¡Pedro,
Pedro! –lo llamó gritando- ¡no te vayas, por favor! ¡Pepe!
Bajó
las escaleras corriendo, viéndolo al final de estas. Saltó los escalones sin
miedo alguno, lanzándose a sus brazos al llegar al final, abrazándolo.
-Paula…
-Pepe,
te amo. No te podes ir. Perdoname, fui una estúpida, por favor no me dejes,
nada de divorcio, sólo quedate conmigo.
Pedro
la miraba atónito. ¿Era un sueño?
-No
me dejes.
-Nunca…
nunca –susurró él abrazándola- te amo.
-Y
yo, mucho…
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Y con esto.... FIN... Aaaaaah ♥ (suspiro)
Espero que les guste! Ahora solo queda el EPILOGO!
Hasta mañana!
Y una vez mas, muchisimas gracias por leer esta historia! :)
ayyy que hermoso,me encanto!!!
ResponderBorrarojala sigas subiendo más adaptaciones como está!!!
Ayyyyyy! Es la nove mas linda que lei! Hermosa! Espero que sigas subiendo otras noves como esta!
ResponderBorrarmuy linda novela.... cortita pero muy linda :)
ResponderBorrarhermosa novela me encanto , ahora esperando ansiosa el epilogo
ResponderBorrarQue hermoso final..... te soy sincera me quede con ganas de mas. Escribis muy bien!!! Espero tu proxima novela pronto!!!
ResponderBorrarse me corrieron un par de lagrimas cuando lei que firmo los papeles del divorcio.... pero ME EN-CAN-TO..... muy linda historia y la adaptaste muy bien :)
ResponderBorrarEspero leer tu proximo proyecto pronto ♡