Paula
rígida como un palo, vio el puño de Pedro chocar contra la mandíbula de Ángel.
Un grito ahogado escapó de su garganta y corrió a rescatar a su hija de aquel
espantoso espectáculo, aunque, no podía evitar alegrarse de que alguien hiciera
lo que ella deseaba hacer.
Pedro
agarro a su hermano por la camisa y lo levantó sin ningún cuidado, se oyó la
tela crujir, pero era un sonido al que nadie le prestó atención. Al levantarlo
y tenerlo de pie, algo a lo que Ángel colaboró, Pedro se dedicó a estrellar la
espalda de aquel hombre contra la pared, con fuerza, pero con menos de la que
quería usar.
-Vos
–farfulló- Maldito bastardo… ¡Me mentiste!
Ángel,
loco, tuvo la desfachatez de soltar una carcajada, a pesar de que su labio
sangraba incontrolablemente, y su cuerpo temblaba.
-¿Duele,
verdad hermanito? ¿Duele saber que ella no hizo nada, a que si?
-Hijo
de puta.
Los
ojos de Ángel se achicaron, si algo si le molestaba era el insulto a su madre.
Aunque ignoró el escozor de su vientre y se dedicó a mirar a Pedro.
-¿Qué
pasa, Pepe? ¿Ya no me vas a pegar más?
-¡Me
das asco! –escupió.
-¡Como
vos a mi! Creeme que no soy muy feliz de tenerte como hermano… una desdicha la
de Paula el haberte conocido… después de tanto que la amabas, mira como la trataste…
y la pobre inocente, siempre decía la verdad…
Pedro
gruñó de rabia, se acordó de todas las veces en las que Paula había discutido
con él, en cuentas veces le había dicho y repetido la verdad sin que él la
creyera…
-¡Todo
esto es por tu culpa! –gruñó.
-Oh…
me temo que no, querido hermano. Yo sólo te conté algo, fuiste vos el que tiró
su amor… Y no le creíste para nada…
Pedro
giró la cabeza hacía Paula.
Ella
volvió la cabeza hacía su hija. No quería mirarlo en ese momento, no ahora
cuando sabía que él había escuchado la verdad.
-No
sufriste, ni la mitad de lo que mereces… -se burló su hermano- Si no la
hubieras dejado embarazada… -chasqueó la lengua pensativo- un fallo en mi
bonito plan… Te estropeé las cuerdas… quizás hubiera tenido más suerte si te
hubieras matado de verdad, pero no corrí con esa suerte –se lamentó el joven.
A Pedro
se le heló la sangre, y Paula perdió la capacidad de respirar, ¿Cómo podía ser
tan cruel?
-¿Papi?
–Sofia se frotó los ojitos, los abrió y parpadeó intentando adaptarse a toda
aquella luz- Mami –sonrió mientras se revolvía en los brazos de su madre.
Pedro
soltó a Ángel con mucho cuidado, nada brusco, no quería espantar a su hija…
-Quizás
sea mejor, que te la lleves a otra parte, yo me encargo de él.
Paula
asintió, sin embargo, no fue capaz de moverse. Pedro miró la cara pálida de Paula,
que alternaba la vista entre su hija, él y la puerta. Por el rabillo del ojo le
echó un vistazo a el que se suponía que era su hermano, aquel hombre por el que
en ese momento le ardía la sangre.
Había
desconfiado de Paula, la mujer que lo amaba locamente, tan locamente como él la
había amado… y la amaba. La amaba. Y sin embargo no era merecedor de su amor…
pero intentaría arreglar las cosas… como fuese, lo intentaría. Por el bien de Sofia,
que necesitaba unos padres, por el bien de la nena y por el suyo propio, porque
debía reconocer que la seguía amando como a nadie, y que si había hecho aquella
absurda amenaza de quitarle a la nena, era porque la quería a su lado… para
siempre.
Ángel
se movió y dejó de apoyarse en la pared, se llevó la mano a su labio
ensangrentado y tras limpiárselo con la manga, le sonrió a Pedro, burlón. Su
sonrisa ensangrentada le revolvió a Pedro el estómago, y la repulsión que
sentía no era por aquel líquido rojo, si no por la rabia que sentía hacía
aquella persona que le había destrozado la vida sin ningún miramiento.
Paula
movió los pies con su hija en brazos, y Ángel hizo un movimiento hacía ella.
Temerosa, retrocedió. No sabía de que era capaz ese hombre, lo que sabía era
que no arriesgaría nada.
Pedro
pendiente de ambas personas, tiró de Ángel y lo tuvo preso.
-Va
a ser mejor que nos vayamos nosotros… -dijo en el tono más jovial que pudo, las
ganas de partirle la cara a su hermano, no se habían esfumado para nada.
Ángel
rió, y Pedro resopló.
-¿Alejándome
de tu querida mujer y tu amada hija? –sonrió Ángel- ¿pero por qué hermanito, si
yo soy bueno?
Paula
arqueó una ceja, ante la estupidez de Ángel, y volvió a retroceder.
Pedro
tiró de su hermano y lo alejó totalmente de aquellas personas a las que amaba.
Volvió a tirar de él y lo encaminó hacia la puerta.
-Acosta
a la nena… -fue lo único capaz de decir Pedro aunque por su mente no pasaban de
pasar frases y palabras.
-Aja…
-asintió Paula.
¿Qué
más decir?
-Después
hablamos…
-Aja…
Ángel
rió.
Pedro
lo ignoró. Pero la punzada que recibió su corazón lo resumió todo.
-Me
encargo de él y vuelvo.
Esa
vez, Paula no dijo nada. Vio como Pedro tiraba de Ángel sujetándolo por la
camisa y se lo llevó escaleras abajo, ella, simplemente abrazó a su hija, y una
vez que los perdió de vista, dejó las lágrimas correr, mientras se recostaba en
la cama con su Sofi.
Que
difícil era todo. Que complicada era la vida. Que fácil era liar y romper el
amor entre una pareja.
Y
que difícil recomponer ese amor, y volver a tener confianza…
-¿Mami,
llorando? –preguntó la pequeña mientras recorría la humedad de las mejillas de Paula.
-Solo
un poco –atinó a decir la mujer, sorbiendo por la nariz.
-Po…
po… no llores –dijo- te pones fea…
Paula
sonrió.
-Está
bien, no lloro mas –dijo, y un sollozo ahogado escapó de su garganta.
-¿Te
doy un abrazo para no llorar mas? –preguntó la pequeña, Paula asintió y en
escasos segundos el cuerpo de su nena se pegaba al suyo, sus pequeñas manitos
rodearon su cuello y le dio un beso mientras esperaba que se calme.
-Ay
mi bebe –lloró Paula. Dios santo, ella que no tenía la culpa, su pequeña
criatura, y era testigo de todo aquello, sabía que debía dejar de llorar, sabía
que debía secar sus lágrimas y respirar profundamente, Pedro volvería y ellos
hablarían.
Sin
embargo, todo era tan complicado, él había desconfiado de ella, y aunque todo
había sido culpa de Ángel, el hecho de que él la hubiese rechazado sin darle la
oportunidad de explicarse le dolía en el alma, su corazón no podía dejar de
lamentarse.
-Ya
ta, ya ta –susurró la nena acariciando la cabeza de su madre. Y Paula no pudo
evitar sonreír.
-Ay
mi princesa –volvió a decir Paula.
-¿Qué
te duele, mami? –preguntó la pequeña- ¿tiene pupa?
-Aja…
-Paula asintió.
-¿Donde?
–preguntó curiosa mirando a su madre a los ojos- ¿Dónde duele?
Paula
llevó la manito de su hija a su corazón y la dejó ahí.
-Aca
me duele, tesoro.
-¿Ahí?
-Si,
me duele el corazón…
-Perame–dijo
la nena contenta, dando un salto.
-¿Dónde
vas? –la detuvo Paula.
-¡A
llamar a papi! –el corazón de Paula galopó velozmente, pero la tristeza
continuaba en ella.
-Porque
él te da besito y se cura.
Ella
lloró.
-No
se cura, bebe. Pero, ¿me queres dar vos el besito?
-¡Ángel
no! –el grito de Pedro sonó en toda la calle, los caminantes se giraron a ver
la escena, el cuerpo alto de Ángel cruzaba corriendo la calle, a toda
velocidad, ignorando el coche que se acercaba.
Un
ruido sordo sonó cuando chocaron, el coche se llevó por delante al cuerpo de
Ángel, quien cayó al suelo inerte.
-Juro
que no lo vi –dijo el conductor saliendo del coche- se me echó encima.
Pedro
no escuchaba, marcaba el número de la ambulancia. Maldito fuera Ángel y
todo en él. No solo destrozaba su vida, si no que ahora, quería acabar con la
suya propia. Había salido corriendo como el demonio mientras él lo conducía
hasta el coche, después de tener una charla larga e intensa con él, se encaminaba
a una clínica privada… el hablar con él lo había hecho darse cuenta de que
necesitaba ayuda psicológica. Y a pesar de que la sangre le hervía de rabia y
furia por partirle la cara y varios huesos, decidió que era mejor meterlo en un
psiquiátrico, quizás con un poco de ayuda…
Hablando
con él, Ángel le había contado que lo odiaba… más que a nadie en ese mundo,
habían sido las palabras textuales de su hermano, le contó y repitió, casi todo
lo que le había oído decir a Paula.
Oyó
el ruido de la sirena de fondo, todos los espectadores estaban alrededor de su
hermano, pero a él en ese momento no le apetecía acercarse.
Todo
fue muy rápido… llegaron, se lo llevaron, él fue al hospital donde rellenó
papeles… su hermano tuvo que entrar en quirófano, porque estaba muy grave, y él
se quedó esperando, aunque lo que más deseaba en ese momento era volver a su
casa, con aquellas personas que lo esperaban…
Horas
más tarde, el doctor salió, y le comunicó que la operación había ido bien, solo
les quedaba esperar… algo que él no hizo. Pagaría los recibos y las facturas,
pero no pensaba velar por su hermano, cuando tenía cosas que hacer… horas atrás
lo hubiera ayudado, en ese momento, no.
Llegó
a su casa, y abrió la puerta, se sentía cansado y sin vida pero necesitaba
hablar con ella… pedirle perdón…
-¡Paula,
amor! –la llamó, eran las siete de la mañana, quizás estaban durmiendo…
Recorrió todas las habitaciones, todas vacías. A lo mejor… desayunaban.
Se
acercó a la cocina y no estaban y tras recorrer toda la casa y volver al cuarto
de Sofia, se dejó caer en la cama. A lo mejor habían ido a algún lado…
Miró
la lamparita rosa que adornaba la mesita de noche, y un papel blanco le llamó
la atención, al tomarla reconoció la letra de su amada mujer.
Pepe…
Tuve
muchas horas para pensar, y creo que vos también vas a recesitar reflexionar sobre
todo lo que paso. Por eso creo que
debemos tomarnos un tiempo, pasaron muchas cosas y la distancia nos va a
hacer bien. Me pondré en contacto pronto…
Paula.
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Me van a amar y me van a odiar! YA SE! :/
Espero que les guste el capitulo, en parte! jaja
Gracias por sus comentarios! Y por siempre tirar buena onda!
Hasta mañana!:)
UTIMOS 2 CAPITULOS!
Nooooo!! :( me hizo llorar!
ResponderBorrarPiel de pollo.... piel de pollo me quedo cuendo lei el capitulo.... Me encanta esta historia. La disfruto muchisimo...... Gracias por compartirla ♡
ResponderBorrarayyy nooo,que se reconcilien!!!!
ResponderBorrarAy xfin se supo!! K vuelvaan!!! Amo tu nove♥
ResponderBorrarayy te odioooo Ah perdon lo tenia q decir :) Amo tu nove♥
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