lunes, 20 de mayo de 2013

Capitulo 11


Paula dio vueltas por su cama, rodando de un lado para otro, intentando así, sacar de su mente la cara aturdida de Pedro. Aún no se creía que se habia ido de la casa, había tardado unos minutos en salir del despacho, necesitaba calmar sus nervios antes de enfrentarse a su hija y a Pedro.

El problema de Pedro, no tendría que enfrentarlo, simplemente porque no estaba, se había ido.

-¿Dónde está papi? –preguntó Sofi.

No lo sé… no sabía nada. ¿Dónde había ido?

-Se fue… a hacer un recado –mintió.

-Uhm… -la nena no parecía convencida, pero la tele la entretuvo.

-Princesa, vamos a comer, que nos tenemos que ir a la cama.

Paciente, Paula ayudó a su hija a comer, jamás, en todo la vida de Sofia, se había sentido así al darle de comer a su hija. Realmente, quería terminar, dormirla, e irse a dormir ella tambien, al menos en el mundo de los sueños, podría refugiarse de aquella pesadilla.

Le costó la vida propia dormir a la nena, sentía la inquietud de su madre, y solo preguntaba por su papa, y que qué le pasaba a ella. Evasivas habían sido las respuestas de Paula, hasta que por fin consiguió dormirla.

Una vez, pudo refugiarse en su habitación, se dio una ducha y se metió entre las sábanas limpias. Queriendo conciliar el sueño rápidamente, cosa que no logró. 

Un gran estruendo sonó en el pasillo y ella se encogió bajo las sábanas. De pronto, su puerta se abrió chocando contra la pared.

-¿No se supone que ibas a trasladar tus cosas a nuestro cuarto? –la pregunta de Pedro era pastosa, y su equilibrio no era muy bueno.

-¿Estás borracho? –preguntó Paula. Una pregunta tonta, sabía la respuesta; si.

-No… solo tome un poco. Te quería olvidar ¿sabes?

-Pedro, va a ser mejor que te vayas a dormir, y mañana hablamos.

-Vos venis conmigo.

Él se acercó a la cama dando tumbos y retiró las mantas de Paula, quiso tirar de ella, pero Paula lo esquivó.

-Va a ser mejor que te acuestes.

-Vamos a la cama, Paula…

-Yo ya estoy en la cama.

-No, esta no quiero.

-Pedro… va a ser mejor que te vayas…

-No, si no venis, duermo yo acá

Con mucho trabajo, se incorporó, el cuerpo se le fue para el lado cuando fue a andar, y se dirigió a la puerta, Paula suspiró creyendo que iba a irse, y un gemido escapó de su garganta al verlo cerrar la puerta.

Se tiró de la corbata, y se quitó los zapatos mientras daba tumbos, la camisa, se la arrancó, y los pantalones quedaron tirados por el suelo, con las medias puestos, y el boxer medio bajo, Pedro se dirigió a la cama, y Paula estaba a punto de reír por esa imagen.

Pero la risa se le fue, cuando vio que él se balanceaba, se puso de rodillas en la cama, dispuesta a sujetarlo, y de pronto, cayó sobre ella.

-Ay… -se quejó al sentir las piernas dobladas- mis piernas… Pedro…

Él se movió, muy poco, pero ella pudo desdoblar las piernas, entre las que quedó Pedro.

Él la miró, con los ojos medio cerrados.

-¿Sabes? Yo no daría nada por cambiar el pasado… -masculló- yo te amaba, Paula… muchísimo…

-Pedro…

-Y vos me destrozaste yéndote…

De pronto dejó de mirarla, y se acomodó en la cama, Paula le quitó las medias, y vacilante, se tumbó a su lado, algo separada.

-Veni aca –pidió él, y ella lo hizo, lo sentía tan… débil, quiso abrazarlo.

-Te amaba mucho –repitió, soñoliento- lo habría dado todo por vos…

-Me amabas… -dijo ella, lo sabía, sabía que la había amado, como ella lo había amado a él, pero las palabras, le hacían daño. Pasado…

-Si… te amo…

Silencio…

-¿Qué?

-Mañana lleva las cosas a mi habitación… sos mi mujer.

-Pedro…

-Me lastimaste –farfulló él, acomodándose y abrazándola- pero te perdono…

Paula lo abrazó, mientras las lágrimas caían por sus mejillas. ¿Cómo tenía el valor de decirle que la perdonaba mientras estaba borracho? ¿Cómo era capaz de presentarse en su habitación tan tarde borracho, y comenzar a decir esas cosas?

Su corazón no daba abasto con tantas emociones.

Ya no quería más. Solo quería poder vivir.

Cerró los ojos e inspiró el aroma de Pepe, mientras oía como su corazón golpeaba su pecho.

-Para –murmuró ella, intentando no llorar- yo te odio –dijo- te tengo que odiar…

Cerrando los ojos, se apretó contra él, y se dejó vencer por el cansancio que soportaba su cuerpo.


Paula despertó y la luz la cegó al abrir los ojos. Estaba cómoda y se sentía relajada, a pesar de que le picaban los ojos por las lágrimas de anoche, de pronto se puso rígida, y un cuerpo se movió a su lado. Su respiración se agitó e intentó no moverse ni un milímetro; Pedro estaba a su lado. Su pierna rozaba la suya levemente, y ella sentía el contacto cálido. Le quemaba la piel, y las palmas de las manos por la necesidad de tocarlo, de girarse y acariciarlo de arriba abajo.

El corazón le palpitó con fuerza, y respiró profundamente para intentar controlar su respiración. Miró el reloj de la mesita y vio que era temprano, pero no mucho, iba bien de tiempo.

El suficiente para pelear con Sofia y que se levantara, vistiera, se lavara la cara, desayunara, se lavara los dientes y fuera a la escuela.

Además, le daba tiempo a vestirse ella, y de desayunar, antes de comenzar a despertar a Sofia…

Con mucho cuidado, se levantó de la cama, se acercó al armario y sacó su ropa, una vez lo tuvo todo, se acercó a la puerta, y con extremo cuidado la abrió y puso un pie en el pasillo, sin poderlo evitar giró la cabeza para ver el hombre que yacía en su cama. Las lágrimas la hicieron parpadear al recordar las palabras de la noche anterior, y después cerró la puerta dispuesta a olvidarlas.

Pedro despertó con dolor de cabeza, y confundido. Abrió los ojos y la luz del sol perforó en su cabeza dolorosamente, ¿Dónde estaba? Confuso y desorientado se intentó levantar, un agudo dolor le palpitó en la cabeza y se llevó la mano instintivamente.

Giró rodando sobre una cama que no era la suya, ese no era su colchón y él lo notaba. Acostumbrándose a la claridad, se dio cuenta de donde estaba. 

Rápidamente se incorporó en la cama y la cabeza le retumbó, un leve mareo le sobrevino. Se sujetó la cabeza, como si así pudiera hacer desaparecer el dolor, algo que no consiguió.

Sabía dónde estaba, una duda menos. No sabía qué hacía allí, ni… ¿Dónde estaba Paula?

Dios santo. ¿Habría pasado algo la noche anterior? Malas ideas, ocurrencias que no deseaba, pasaron por su mente. Un nudo le presionó el estómago y maldijo por lo bajo mientras imaginaba lo que podría haber pasado.

Él estaba semidesnudo…

-Mierda –masculló levantándose de la cama e ignorando su dolor de cabeza.
No recordaba nada. Solo un gran enojo, dolor y una botella de coñac, que se había bebido.

¿Cómo había llegado al cuarto de Paula, por qué había ido? Las preguntas comenzaban a agobiarlo. Quería respuestas.

Y la única que podía dárselas era Paula…

Hablaría con ella después. No tenía apuro, porque él no había hecho nada malo…
¿Verdad?

Paula abrió la puerta de… su casa, con la llave que Pedro le había entregado al llegar, cuando había decidido volver con él, sin saber que seguía casada con su persona.

Casada… cada vez que lo pensaba, el estómago se le contraía. No se sentía casada, no sentía esa… magia que había al comienzo de su matrimonio. Al comienzo, y durante su vida de casada.

Le dolía el corazón al recordar las palabras, las promesas de amor que se habían hecho el uno al otro durante aquella maravillosa y preciosa vida juntos. Le dolía tanto que temía que se le parara, y jamás le volviera a latir por nada.

Las lágrimas querían acudir a sus ojos, sin embargo no lo hicieron, ya no tenía fuerzas, ni siquiera para llorar. Solo quería poder dormir, un día tras otro, y que el tiempo pasara sin más, ni siquiera quería sentir emoción alguna. Algo que no conseguía cuando recordaba las palabras de su marido borracho.

Pero aquello no era más que una estupidez. Porque Pedro la odiaba con toda su alma, o al menos la despreciaba. Por algo que no había hecho.

Aún no conseguía hacer que todas las piezas de aquel puzzle encajaran. ¿Por qué le iba a decir Ángel a ella que Pepe había muerto si no era cierto? Aquello no tenía ni pies ni cabeza. Solo había una forma de averiguar la verdad, y no sabía cómo localizar a su… cuñado.

Lo maldijo por lo bajo y entró en el gran salón de la casa, sin hacer ruido, solo quería irse a su habitación, ni siquiera tenía hambre.

Comenzó a subir las escaleras, directa a su habitación, cuando de pronto una voz la paralizó a sus espaldas.

-Vaya, vaya… si es la famosa escritora.

La sangre se le heló, solo había una persona en el mundo que conseguia poner ese timbre tan desagradable en la voz.

-Ángel… -su nombre manó de sus labios, antes siquiera de darse la vuelta.

-Cuñadita… que alegría volver a verte, una grata sorpresa.

-¿Me estás tomando el pelo, Ángel? –exclamó dándose la vuelta- creo que tenemos bastante que aclarar.

-Claro que no. Nada de nada. Solo vine para pedirle a pedro unas cosas… pero por lo visto, tiene visita.

-¿Visita? –ante sus ojos, tenia al diablo en persona, podía ver sus ojos llameando de malicia- por si no lo sabes, soy la mujer de Pedro.

-No por mucho tiempo… -su voz amenazante, su cara una sonrisa.

-¡¿Pero quién te crees que sos?! ¡Haceme el favor de irte o te saco a patadas! –Dijo Paula. El siguió sonriendo, pero a ella se le heló de nuevo la sangre, más fría, más dolor.

-Paula, haceme el favor de retirarte, cuando te tranquilices, saluda a mi hermano como es debido.



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CHAN!
Ay, Angel! vendrá a empeorar las cosas?
Espero que les guste el capitulo!

Gracias por todos lo comentarios... Me encanta la buena onda que tienen! Son lo mas!
Hasta mañana! :)
Que tengan una linda semana!

5 comentarios: