domingo, 12 de mayo de 2013

Capitulo 1


La chica abrió los ojos, sintiéndose agobiada por el calor que la invadía, unas tremendas ganas de vomitar se apoderaban de ella, y no sabía dónde meterse.

-Tierra tragame –suplicó.

-No vas a tener tanta suerte –se jactó Pedro.

 Pedro, aquello no era posible, debía ser un mal sueño, una terrible pesadilla, una maldición. El cansancio, el agotamiento, ¡algo! Lo que fuera… todo menos la realidad. Y menos de aquella forma.

-Vos estás… muerto… -susurró ella.

-Más quisieras, bonita –se burló él con sorna- no corres con esa suerte.

Las lágrimas cayeron por el rostro de la joven, el murmullo de la gente llegaba a sus oídos, se incorporó del lugar en el que estaba.

-¿Qué hago aca? –preguntó confundida.

-Conmigo no finjas, el «desmayo» no sivio de nada, cielo. No te vas a librar de nada. Vas a ver en el tribunal contra mi.

-¿Qué? –la voz de Paula fue un hilo, el temor la invadía, se incorporó con rapidez, y se mareó en el acto, se sujetó contra lo que pudo y respiró hondo.

-Deja de fingir…

-Vos estás muerto –dijo al borde de la histeria, aquello era imposible. Él… no… aquello no podía ser.

-Como podes comprobar, estoy perfectamente bien…

-No… -siseó ella, sin comprender.

-Si, y te aconsejo que prepares a tus abogados… te voy a desplumar.

-No podes denunciarme… yo, yo no hice nada.

-¿Contar una historia falsa te parece poco? Usaste mi nombre, mi apellido, y todo lo que nos unió. Te voy a demandar…

-No, no podes.

-Claro que puedo… -susurró él.

Paula se levantó con nerviosismo y comenzó a andar de un lado a otro. ¿Por qué pasaba eso? ¿Cómo era posible que el hombre que creía muerto estuviera delante de ella, y prometiéndole una demanda que la «desplumaría»?

Se giró hacía él y lo miró a la cara, aquella cara conocida que la miraba de una forma fría e incluso cruel, en sus ojos estaba reflejado el desprecio, y el asco, y ella comenzó  retorcerse de dolor, un dolor que nacía en lo más profundo de sus entrañas.

Las lágrimas comenzaron a caer y caer por sus mejillas, una intensa alegría se apoderó de ella, al ver qué, aquel hombre por el que hubiera dado su vida, estaba realmente vivo. ¡Vivo!

Una risa histérica comenzó a salir de su garganta, y rió, rió sin parar mirando sorprendida a aquel rostro, en un acto de locura se acercó a él y le tocó la cara, la barba creciente, le hacía el rostro áspero, pero seguía igual de atractivo que siempre, incluso podía decir que más.

Como si se tratase de un impulso se alejó de él, y la risa cesó. Él no podía estar vivo. Él estaba muerto, y ella se estaba volviendo loca por imaginarlo.

Había sido un enorme calvario el que había tenido que atravesar sola. Y cuando más o menos lo había superado, sucedía eso…

Las lágrimas la cegaban, y comenzaba a marearse por la acumulación de los sentimientos, se sentía agotada, confusa y muy rara, vio el suelo desvanecerse bajo sus pies, y cayó cegada por la oscuridad.

Pedro corrió y la tomo en sus brazos antes de que Paula tocara el suelo, quizás debería haber dejado que se diera el golpe, quizás así dejara de actuar. Debía reconocer, que para ser escritora era muy buena actriz.

La había visto ir de una fase a otra, la alegría había estado en sus ojos, justo antes de que la histeria se apoderara de ella, sus ojos a pesar de las lágrimas, habían reflejado todas sus emociones, como siempre… y había estado preparado para agarrarla, en cuanto la había notado comenzar a desvanecerse, sus enormes ojos se habían nublado mientras se iban cerrando poco a poco hasta que sus piernas cedieron bajo su peso…

Por un momento estuvo pensando en que le estaba sucediendo de verdad, incluso que realmente se había desmayado, pero eso era imposible, porque ella era una farsante que no se había molestado en buscarlo, y lo había matado tras el papel, para así olvidarse de él.

-Fuera todo el mundo, aca no hay nada que ver –dijo amablemente pero con la voz elevada, la gente que seguía estando al pendiente de la escena desde un lugar alejado, y bajo la vigilancia de los guardias de seguridad que él había contratado, los miraban como un niño a una golosina- Que se vayan –les susurró a un guardia.

Con la que fue su amada en los brazos, caminó hasta llegar a su auto, sentándose en el asiento trasero con ella, le ordenó a Jaime, su chofer que lo llevara al hospital más cercano… sabía que no era necesario, pero mejor prevenir que curar.

Sin poder evitarlo, observó el rostro de la mujer que yacía en sus brazos, la que una vez, hubo sido su mujer, la que lo había hecho el hombre más feliz de la tierra, no pudo evitar fijarse en que seguía siendo hermosa, su rostro seguía siendo perfecto, sus rasgos lo seguían fascinando como el primer día, y su cuerpo… aun lo trastornaba. Se fijó, que debajo del maquillaje perfecto, yacían unas ojeras y rastros de cansancio, estaba mucho más delgada que la última vez que la vio, hacía tres años, y a pesar de todo, tenía la necesidad de protegerla…

Sintiendo asco de si mismo, por ser tan imbécil, la puso a su lado, y dejó de mirarla, más la abrazó para que no se dañara. Seguro que se estaba riendo de lo lindo, mientras fingía que estaba desmayada. La zamarreó un poco y la intentó despertar.

-Estamos solos, podes dejar de fingir –casi escupió.

Más ella no hizo nada, y él resopló. Volvió a mirarla y maldijo para sus adentros, por seguir sintiendo algo por ella, aunque ese algo fuera asco y desprecio…

-Pepe… -la voz de ella sonó tenue y llorosa, y él se concentró en su rostro.

Paula abrió los ojos despacio y lentamente, mientras los de él chispeaba, por su buen talento, desde luego, ¡debería de haber sido actriz! En el instante en el que sus ojos se encontraron el coche se detuvo, y Jaime les abrió la puerta.

-Ya llegamos –dijo él, y salió del coche, tirando de ella.

-¿Qué, a donde? ¿Qué hago aca? ¿Dónde me llevas?

-Deja de preguntar –la censuró.

Y no le dijo más, la llevó al interior de edificio, e hizo que la atendieran, un chequeo completo, Pedro esperó fuera y maldijo por esperar, no tenía ninguna razón para hacerlo, más lo iba a hacer porque tenían mucho de qué hablar.

Aún le dolía la forma en la que había recuperado la memoria, aún permanecían con él, toda esa impotencia al no recordar nada, ni saber quién era, se había llevado un largo periodo de tiempo sin conocerse, sin saber nada de si mismo, menos lo que le habían contado, un hombre feliz había sido, siempre sonriente… sus fotos mostraban a ese hombre del que ahora lo único que quedaba era una sombra tenue y llena de rabia y enojo.

Recordaba todas y cada una de las noches, en las que se había tumbado en la cama y había forzado su mente para intentar recuperar algo, cualquier cosa, su hermano le había dicho que no se forzara, que llegaría solo… si, y así había sido.

Tuvo que morderse los labios para no reír con desesperación. Su recuperación había sido lenta y dolorosa, lo habían encontrado en el bosque, como Paula había descrito en su libro, solo que él estaba solo, y nadie lo había acompañado, tenía demasiados huesos rotos, y rasguños por todos lados, y para colmo, había perdido la memoria.

Un hombre, que decía ser su hermano, lo había ayudado con todo. Hasta que pudo caminar por si mismo, y manejarse bien, lo había llevado a su casa, y se había encargado, por así decirlo, de él.

Poco a poco había ido recordando algo, poca cosa. Lo primero que a su mente regresó, fue que dirigía una empresa, enseguida quiso volver a manejarla, y tras poco tiempo y mucha insistencia, su hermano… le volvió a ceder el puesto de director.

Que había ido controlando poco a poco, y con ayuda, aunque no creía necesitarla.

Un día, después de trabajar, paseó por un centro comercial, no sabía por qué, pero le apetecía, y siguiendo un impulso hizo caso de lo que sentía y se dirigió sin saber como a un centro comercial que le resultaba familiar.

Al llegar, se dirigió ciegamente a la sección de libros, y comenzó a pasear, hubo uno que le resultó muy llamativo, “Mi Historia” Así rezaba el título, y lo tomo. Tras leer la presentación que estaba en la parte de atrás, quedó intrigado, sin saber por qué, necesitaba leerlo, y lo necesitó mucho más, al ver la foto de la autora, quien le resultaba familiar, era hermosa, y tenía la sensación de conocerla.

Nada más comenzar a leer, imágenes comenzaron a aparecer en su mente. Algo muy curioso era; que el protagonista se llamaba como él, y que ella, tenía los rasgos de una persona que le era conocida. Y que no sabía si conocía o no.

No llevaba más de la mitad del libro, cuando a su mente, todos sus recuerdos regresaron, y todos, eran como los del libro.

Paula, cómo se habían conocido, su primera cita, la insistencia de él, y la inocencia de ella, su primera vez, él había sido su primer amante, la boda, su luna de miel… en el libro pudo leer todos sus pensamientos, algo que le gustó, mientras por otra parte lo llenaba de rabia, ya que a medida que leía, y sobre todo al final… quiso matarla.

¿Cómo no querer matarla si había escrito su vida, y la había terminado con una mentira?

Él muerto… ¡Ja! ¿Algo más? En cuanto terminó el libro, que leyó a toda máquina, lo primero que hizo fue ir corriendo a su hermano, quería explicaciones, ¿por qué no le había hablado nunca de Paula?

-Ella se fue, dijo que no quería saber nada de vos –dijo Ángel.

-No lo creo… -su primera reacción había sido de negación- voy a ir  a buscarla, tenemos que hablar.

-¿Qué tienen que hablar, de cómo te dejó, de cómo se fue sin decirte adiós? ¡Vamos Pepe, si se quería olvidar de vos, y mira como lo hizo, te mató en su estúpido libro!

-No puede ser…

-¿No? Reacciona hermano… reacciona…

Y con esas palabras, Ángel lo había dejado… y él había reaccionado, ¡oh, claro que lo había echo! Su hermano tenia razón… y ella debía pagar, ¿y qué mejor forma de hacerlo que desenmascararla frente a sus amados lectores? Todo había estado muy planeado… 

-¿Señor Alfonso?

El doctor salió de la nada, y lo sacó de sus pensamientos, tenía los puños apretados, e intentó relajarse.

-¿Cómo está la señorita?

-Bien… un poco confundida, y sufrio un pequeño shock del que se está recuperando. Nada grave.

-Bien.

-Está pidiendo ver a Sofia.

-¿A quien?

-A su hija, Sofi. Dijo que llame a su amiga, ella estaba a su cargo.

-Su hija… -la suave palabra, retumbó en su mente, una y otra vez. Su hija… ¿sería la misma de la que hablaba en su libro, la hija de ambos? ¿Sofia?





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Primer capitulo!
Esta es una minific, son pocos capitulos!
Espero que les guste esta novela!
Hasta mañana!

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